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Los equipos de rescate de Nepal y China trabajan a marchas forzadas para rescatar sobrevivientes y cadáveres, pero suspendieron su trabajo porque enfrentan la amenaza de otro desborde, muy riesgoso por un lago que se formó tras la riada.
Autoridades detectaron filtraciones en un dique natural que puede romperse en cualquier momento y formar una nueva riada, de menor magnitud, pero igual de peligrosa por los torrentes de agua y escombros, por lo que pidieron a la gente que está en zonas susceptibles, trasladarse a sitios más seguros.
Le echan ganas. Antes de la alerta, rescatistas sacaron a sobrevivientes cubiertos de un lodo marrón oscuro, mientras helicópteros trasladaron a personas varadas a zonas seguras. Hasta ahora, se contabilizan más de 3 mil 700 personas sacadas del lodazal en ambas naciones, así como 600 fallecidos y 2 mil 500 desaparecidos.
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Llegó de golpe. El agente de aduanas Karbir Gaire es uno de los sobrevivientes en Timure, el pueblo nepalí más cercano a la frontera con China, donde vivían unas mil 500 personas.
Gaire llegó a su oficina alrededor de las 8:00 de la mañana del miércoles y estaba ocupado trabajando en su computadora cuando sintió por primera vez que el suelo temblaba.
“Justo después del temblor, noté una tormenta negra que venía hacia nosotros”, recordó desde Katmandú, donde está de vuelta con su familia. “Todos empezamos a correr de inmediato y, en cuestión de segundos, estábamos subiendo la colina al lado opuesto de nuestro edificio de oficinas. Creo que esos 10 segundos más o menos nos salvaron a algunos”.








