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Lo que parecía el recuerdo de unas vacaciones terminó convirtiéndose en una pesadilla. Lowri Denman, una mujer de Gales, descubrió con horror una solitaria de casi un metro de largo en el baño después de ir al sanitario, sin imaginar que aquel extraño hallazgo era la primera señal de una infección que después revelaría la presencia de 38 parásitos en su cerebro.
Aunque en un principio los estudios no detectaron nada, un año después comenzaron los fuertes dolores de cabeza, las convulsiones y la dificultad para hablar. Una resonancia magnética confirmó el impactante diagnóstico: padecía neurocisticercosis, una enfermedad causada por las larvas de la tenia del cerdo.
Lowri se contagió durante un viaje por India, al ingerir alimentos contaminados con huevos del parásito. La enfermedad le afectó músculos, ojos y corazón, pero cuando llegó a su cerebro le provocó epilepsia y alteraciones mentales.
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La mujer pasó semanas hospitalizada y recibió tratamiento con antiparasitarios y esteroides. Aunque logró controlar la enfermedad, sufrió recaídas, perdió su empleo y tuvo que ser internada en un hospital neuropsiquiátrico por psicosis. Además, deberá tomar medicamentos para la epilepsia de por vida.
Tras años de recuperación, la mujer logró retomar su vida y regresar al trabajo. Su caso fue considerado excepcional por especialistas, quienes señalaron que se trata de una infección poco común en Reino Unido.
Ahora, Lowri busca que su experiencia sirva para generar conciencia sobre la importancia de la higiene en la preparación de alimentos. “Estoy feliz de estar viva”, afirmó, luego de superar una enfermedad que cambió su vida por completo.
Todo inició con una solitaria que tenía un aspecto absolutamente repugnante, como cinta adhesiva con pequeñas estrías”.








