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PREGUNTA
Mi esposa me engañó con su jefe y ahora no sé cómo sobrellevar mi vida. Tenemos un hijo y quiero seguir juntos para que crezca con su papá y su mamá, pero yo ya no puedo verla; me duele que me haya traicionado así. Ni siquiera me imagino dándole un beso, mucho menos hacerle el amor. Carlos O.
RESPUESTA
Estás atravesando por un duelo severo. Lo primero que debes saber es que tu rechazo físico (no querer besarla ni tocarla) es una respuesta biológica y emocional normal. Tu cuerpo se rehúsa a ser vulnerable con quien te causó un dolor tan profundo. Y quedarse “solo por los hijos” en un ambiente de resentimiento, frialdad y asco es un error. Un niño no necesita que sus padres vivan bajo el mismo techo durmiendo en camas separadas y respirando tensión; lo que un niño necesita son padres emocionalmente sanos y en paz, ya sea juntos o separados. No te obligues a perdonarla ni te fuerces a tener intimidad con ella solo por mantener una fachada. Si sientes que quieres intentar salvar la relación, exígele transparencia (que renuncie a ese trabajo o corte todo contacto con el jefe) y acudan a terapia de pareja. Si en el proceso descubres que el perdón no es posible y que la confianza se rompió para siempre, la separación consciente y una copaternidad respetuosa serán lo mejor para ti y para tu hijo.
PREGUNTA
Estuve practicando algunos días retener la eyaculación por más tiempo y lo conseguí, pero ahora no logro tener una erección; ya van varios días y nada. ¿Pude haber dañado algún nervio o algo en mi miembro? César F.
RESPUESTA
Calma, compa: es casi imposible que te hayas lastimado o “roto” un nervio solo por aguantar las ganas de eyacular unos días. La anatomía eréctil es muy resistente. Lo que te está pasando no es un daño físico permanente en el pene, sino una combinación de fatiga muscular en el suelo pélvico y, sobre todo, una enorme bloqueo psicológico por ansiedad de rendimiento. Cuando fuerzas al cuerpo a frenar la eyaculación apretando los músculos pélvicos de golpe o sobrepensando el proceso durante el acto, tensionas la zona prostática y sobrecargas los músculos que controlan el flujo sanguíneo. Si a esa fatiga le sumas el pánico de “¿por qué no se me para hoy?”, tu cerebro inyecta adrenalina de inmediato, y la adrenalina es el enemigo número uno de la erección porque cierra los vasos sanguíneos del pene. Dale un descanso a tu cuerpo. Deja de “probarte” a ver si responde y no intentes masturbarte ni buscar nada por 4 o 5 días. Toma mucha agua, descansa y deja que los músculos se relajen. Verás que en cuanto dejes de estar obsesionado con tu amigo de abajo, la erección regresará sola. Si pasadas dos semanas de descanso, sigues con problemas, acude al urólogo.
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