PREGUNTA
Mi hija quiere salir con minifalda. Yo soy su papá y no la dejo. No porque no confíe en ella, sino porque sé lo que piensan los hombres cuando ven a las mujeres enseñando de más, sé lo que imaginan, lo sé demasiado bien. Ella se enoja, no entiende, dice que soy exagerado, que soy machista. Yo solo quiero protegerla, pero ella dice que la asfixio. El otro día, la vi cambiarse a escondidas…y me dio un golpe en el pecho, no entiende que la estoy cuidando. ¿Entiendes tú?
RESPUESTA
El mundo no se corrige tapando a las mujeres, se corrige educando a hombres como tú, que miras a las otras con morbo. Si la proteges desde el encierro, le enseñas la vergüenza, no el cuidado. Una mujer debe habitar su cuerpo con fuerza, no con miedo. El deseo ajeno no se controla, pero la dignidad se aprende. Tu hija no necesita menos calle, necesita herramientas para cuidarse no para esconderse.
PREGUNTA
Mi vecino dice que la humedad de mi pared “es mi problema”, pero la filtración viene de su azotea. Ya hablamos bonito, ya hablamos feo y ya hasta mi marido y él casi se agarran a golpes bajo la lluvia. Desde entonces, mi esposo anda insoportable, tenso, dormimos peleados y hasta cuando intento acercarme siento su cuerpo duro, lejano. Con el vecino, vivimos pared con pared y aun así parece que cada uno quiere salvarse solo. Yo siento que lo odio. ¿Por qué somos tan indiferentes los humanos?
RESPUESTA
La convivencia fracasa cuando dejamos de pensar en comunidad. Y el estrés constante vuelve a la gente más agresiva, desconfiada. No conviertas el conflicto en guerra eterna. Documenta, organiza, busca acuerdos, habla con los vecinos. No permitas que el coraje se vuelva veneno dentro de tu casa.
PREGUNTA
En mi vecindad, cada uno saca lo peor de sí mismo. Todos critican, cuentan. Que si llegó tarde el del dos con una vieja nueva, que si Luisito está mal educado, que si el marido de Lola toma, que si el del nueve es gay. Las paredes sudan chismes. Siento que vivo en un escenario donde todos tienen voz. Luego me acuerdo de lo que dicen de mí y se me quitan las ganas de existir. ¿Cómo se le hace para que no te importe lo que dicen cuando te lo dicen en la cara todos los días?
RESPUESTA
No dejes que el juicio de otros te robe tu individualidad. La gente habla porque puede, no porque sabe. Y en lugares cerrados, el calor hierve la lengua. No vas a callarlos, solo puedes dejar de darles el papel principal. Vive tu vida con la puerta medio cerrada: ni te aísles ni te entregues.
PREGUNTA
Mi marido discute de todo lo que está mal en el país. Afirma mil veces que los que mandan roban. Nada nuevo, pero se le calientan las palabras más que la sopa. Cambio el tema, pero él regresa. Un nudo en el estómago me quita el apetito. Todo mi esfuerzo lo pudre con su conversación. No veo salida. El postre lo sirvo con coraje y en la noche, él quiere reconciliar. Yo le doy la espalda. ¿Cómo transformo el desgaste con un marido que tiene la mirada puesta en algo que no puede remediar, en lugar de hacer conmigo una tarde de familia, un festejo bonito que sí está en sus manos lograr?
RESPUESTA
Necesitas muchas horas de plática. Su pasión y sus deseos de cambio lo arruinan todo porque nada cambia y sus momentos familiares los contamina. No se puede arreglar el mundo en tu mesa. Reconstruir el puente de una conversación sin ataque, es lo que toca. Explícale que el deseo vuelve cuando deja de haber guerra y hay ganas de cambiar de canal.
PREGUNTA
Con este calorón de mayo, las plantas se me están muriendo, y yo con ellas. Llego de trabajar con la espalda sudada y todavía tengo que regar macetas como si fueran hijos. Mi marido pasa, las ve secas, se sirve agua y ni una gota les cae de su mano. Me da un coraje… no por las plantas, sino por lo que simboliza. Él defiende que eso no le toca. Si es su casa y es la mía, le toca regar igual que a mí, ¿o no? Pero no lo ve. Antes, aunque fuera cansados, nos buscábamos en la noche, ahora no. Me da coraje, me da calor… y se me van las ganas. Así se apaga todo, entre macetas secas y camas frías, ¿no? Así se seca también el amor, a pura indiferencia, ¿o no?