Asaltaron a mi novia de nuevo y ahora quiere irse de la ciudad. Yo la adoro, pero me da pena dejar a mi mamá, mi barrio, el único trabajo que conozco. Me da terror apostarlo todo por ella y que luego no funcione. ¿Cómo puedo saber si vale seguirla o si debo aferrarme a la persona que soy y que sea ella quien se adapte?
No todo salto es valentía ni todo quedarse es cobardía. La clave está en si la decisión nace del miedo o de la conciencia. Si te vas únicamente por no perderla, tarde o temprano sentirás que te arrancaste de tu propia raíz. Pero si ambos construyen un plan, paso a paso, cuidando lo que cada uno es, entonces no es perderlo todo, es crecer. El amor sano no te pide que desaparezcas, te invita a caminar junto a alguien sin dejar de ser tú.
Me paso el día escuchando historias de gente que viaja, que se divorcia, que empieza de nuevo. Y yo sigo con la misma mujer desde hace años. No quiero quedarme solo. Así que, a veces, cuando la relación me cansa, cuando me grita y me siento un perdedor, me salgo de la casa y me quedo hasta tarde escuchando que algunos viajan, que se divorcian o que empiezan algo... yo me siento un idiota y regreso a mi cama triste. ¿Por qué me gana el miedo?
El miedo a la soledad es humano, pero cuando uno lo deja crecer termina por paralizarte. Amar es acompañar. Si tu relación está marchita y pierdes dignidad, pierdes también la alegría y la fuerza para luchar. La mejor forma de no quedarse solo es construir una vida donde uno mismo también se quiera.
Tengo 45 años y a ella le aguanto gritos, desprecios, silencios largos, ley del hielo o insultos. Me digo que cualquier cosa es mejor que terminar solo. Hay días en que me deprimo porque ella se va y yo prendo la tele rezando para que vuelva. ¿Cómo sabe uno cuándo el miedo a la soledad lo está haciendo vivir mal?
La soledad asusta, sí. Pero es peor vivir acompañado y sentirse pequeño todos los días. El amor no debería humillar ni apagar a nadie. Si una relación te obliga a aceptar desprecio por miedo a quedarte solo, entonces no es refugio, es desgaste. Curiosamente, cuando uno empieza a tratarse con respeto, incluso estando solo, cambia la energía con la que se camina por el mundo. Muchas veces ahí aparece algo mejor. La compañía más importante es la que uno aprende a tener consigo mismo. De ahí nacen las relaciones que de verdad valen la pena.