Para José María, manejar un taxi ha sido de lo mejor que le ha pasado.
“Soy papá soltero: tengo una hija y un hijo. Su mamá se fue, pero eso me hizo reaccionar, tenía que seguir por ellos y por mí.
“Con dos hijos por criar, empezaba a trabajar después de dejarlos en la escuela. Y cuando se acercaba la hora de la salida, sólo aceptaba servicios que me dejaran cerca para ir por ellos.
“Al salir, nos íbamos al mercado a comprar lo necesario para cocinar en casa. La ausencia de su mamá nos obligó a organizarnos y a crecer más rápido como familia.
“Después de comer, descansaba un rato y de cinco a diez de la noche ruletaba.
“Mis hijos crecieron. Fui firme con ellos porque quería que estudiaran y tuvieran oportunidades. Verlos salir adelante me dio tranquilidad y me permitió trabajar mejor.
“Con lo que gané, compré un pequeño departamento en Iztapalapa. La situación mejoró: mis hijos terminaron sus carreras, empezaron a trabajar, luego se casaron… y volaron del nido.
“Hoy soy abuelo de cinco niños y sigo manejando el taxi. No es que en mi familia haga falta el dinero, es que me gusta mantenerme activo e ir a desayunar con mis nietos.
“Estoy agradecido con el taxi: me dio trabajo y me ayudó a sacar a mi familia adelante. Soy un papá soltero y muy feliz”.
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