Cuando la suerte está de nuestro lado, aunque nos pongamos, nos salvamos. Esto fue lo que nos nuestro amigo Benjamín.

“Iba por avenida del Imán, cuando se me cerró un coche con tres tipos y, por el temor, me los llevé, ellos se enojaron y me

“Fueron pocos minutos, pero se me hicieron eternos. Como pude, me metí entre los coches y me escondí en una gasolinera, pero ellos también se metieron.

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“Sentía que me moría, porque iban armados y no sabía por qué me seguían.

“Para mi buena suerte, en ese momento llegaron dos patrullas a cargar gasolina y yo les eché mis luces y llamé a un policía. Éste se acercó y le conté lo que pasaba con las personas que me seguían.

“El policía se llevó la mano a su pistola y le hizo señas a sus compañeros; al ver esto, los sujetos se fueron.

“Entonces, los policías se quedaron conmigo un rato y me acompañaron al salir de la gasolinera, pero ya no vimos el coche azul que me iba siguiendo. Lo cierto es que yo me salvé ‘por un pelito’.

“Por si las dudas, no trabajé tres días y cuando salía me fijaba que no hubiera extraños. Afortunadamente, no hubo nada y volví a salir a trabajar, pero desde esa fecha evito ir al sur, por aquello de las dudas, aunque siempre salgo con miedo y pidiéndole a Dios que todo vaya bien”.

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