Caminar por la calle de Dolores, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, es encontrarse con faroles rojos, restaurantes, tiendas de productos asiáticos y referencias a la cultura china. Hoy conocemos esta zona como el Barrio Chino, pero su historia comenzó mucho antes de que existieran sus actuales adornos y celebraciones.
Aunque actualmente ocupa apenas unas cuantas calles, representa la historia de varias generaciones de migrantes chinos que llegaron a México y encontraron en esta zona de la capital un espacio para establecerse, trabajar y formar comunidad.
La historia está ligada incluso al antiguo comercio entre Asia y México. Desde siglos atrás existió contacto entre ambas regiones a través del Galeón de Manila, la ruta marítima que conectaba Filipinas con Acapulco durante aproximadamente 250 años.
Con el paso del tiempo comenzaron a llegar nuevas oleadas de migrantes provenientes tanto de China como de Estados Unidos.

¿Cuándo comenzó a formarse el Barrio Chino de CDMX?
Una parte importante de la comunidad china que llegó a Ciudad de México estuvo conformada por personas que habían vivido previamente en estados del norte del país, particularmente Sonora y Sinaloa.
Las condiciones sociales y los disturbios que enfrentaron algunas comunidades chinas en esas regiones provocaron que varias familias terminaran trasladándose hacia la capital. Para la década de 1930, las calles de Dolores y Luis Moya, en el Centro Histórico, ya concentraban numerosos negocios atendidos por familias de origen chino.
Entre ellos destacaban las lavanderías, un oficio al que muchas familias se dedicaron. La discriminación de la época también influyó en la manera en que estas comunidades se establecieron, pues existían restricciones y prejuicios que dificultaban su integración con la población local.
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Sin embargo, poco a poco comenzaron a consolidar sus propios espacios comerciales y culturales. Uno de los elementos que terminaría formando parte de la identidad de esta comunidad fueron los llamados cafés chinos, conocidos por su particular café con leche, además de productos como galletas de la fortuna y diferentes panes y alimentos.
Y aunque hoy los cafés chinos pueden encontrarse en distintas partes de la ciudad, su presencia está profundamente relacionada con aquella comunidad que comenzó a establecerse en el Centro Histórico. Con el paso de las décadas, la zona de Dolores y sus alrededores terminó consolidándose como el lugar que actualmente reconocemos como Barrio Chino.
Hoy, sus calles son escenario de una de las celebraciones más llamativas de la ciudad, el Año Nuevo Chino, pero la vida del barrio no se limita a esa festividad. Durante todo el año mantiene restaurantes, comercios y espacios que conservan parte de las tradiciones de la comunidad china en México.
Así, lo que comenzó con migrantes que llegaron a México en distintas épocas y familias que encontraron en el Centro Histórico una oportunidad para construir una nueva vida, terminó convirtiéndose en un pequeño rincón de la capital donde dos culturas se encontraron.
Y quizá por eso el Barrio Chino resulta tan peculiar, ya que no es solamente un lugar para comer o tomarse fotografías bajo sus arcos, también es el recuerdo vivo de una comunidad migrante que ayudó a construir una parte de la identidad de la Ciudad de México.








