Este 31 de julio conmemoramos la vida y legado de San Ignacio de Loyola, por ello, te queremos contar un poco de su historia y las oraciones más bellas para que tengas un día lleno de gloria y bendiciones.
Una vez recuperado de sus heridas, Ignacio de Loyola comenzó un camino espiritual que lo acercó a Dios a través del ayuno, la reflexión y la oración.
Con la firme convicción de “ayudar al bien de las almas”, decidió prepararse y estudió en la Universidad de París (La Sorbona), donde conoció a Pedro Fabro y Francisco Javier, quienes se convertirían en sus primeros compañeros.
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Ya conformado un grupo más amplio, todos realizaron sus votos de fe. Tras frustrarse su plan de viajar a Tierra Santa, el papa Pablo III le permitió fundar una nueva orden religiosa: la Compañía de Jesús.
Los últimos años de su vida los pasó en Roma, consolidando la orden. Falleció el 31 de julio de 1556, viendo cumplidos sus grandes anhelos: la Iglesia había aprobado su libro Ejercicios Espirituales, las Constituciones de la Compañía y su expansión con más de mil jesuitas en los cinco continentes.
Fue declarado santo el 12 de marzo de 1622, el mismo día que su amigo Francisco Javier.
Hoy es considerado patrono de los Ejercicios Espirituales.
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor, lo retorno.
Todo es Tuyo: dispone de ello según tu voluntad.
Dame Tu Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.
¡Oh, alabado San Ignacio de Loyola! Te imploro que me protejas de todo mal.
No permitas que nadie me cause dolor.
Defiéndeme del maligno y su ejército de demonios.
Refúgiame bajo tu amparo y no me desampares jamás. Amén.
Venerable San Ignacio, aleja a mis enemigos y protégeme de sus malas acciones.
Haz que se arrepientan y sigan el camino de Dios.
Mírame con piedad y escucha mi humilde súplica. Amén.
San Ignacio de Loyola, patrón de los soldados, dame fortaleza contra el demonio.
Cuídame de sus tentaciones y muéstrame la luz de Dios.
Sé mi escudero y protégeme del pecado. Amén.
¡Oh, querido San Ignacio, tú que te arrepentiste y volviste al Señor, ayúdame en este caso difícil (mencionar). Ilumíname para cumplir mis propósitos y aléjame de la ansiedad.
No me ignores, por favor. Con tu auxilio todo es posible. Amén.