Toluca.– Desde hace cinco años, trabaja entre tumbas y fosas en el Panteón General de Toluca. Su labor consiste en realizar inhumaciones, cavar espacios para el descanso final y limpiar sepulturas, una chamba que lo mantiene cerca de la muerte todos los días.

Sin embargo, no siempre fue así. Cuando llegó al , los temores ante las enfermedades y el elevado número de fallecimientos lo acompañaban.

“Llegué aquí con muchos temores, con las enfermedades que estaban sucediendo, casos de muchos fallecidos; algunos los incineraban, algunos no tenían los medios para poderlos cremar y los teníamos que sepultar”, platica .

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Aunque al principio pensó que las actividades que realiza a diario, como retirar restos humanos, cavar fosas y limpiar tumbas, terminarían por hacerlo renunciar, ocurrió lo contrario: aprendió a convivir con la muerte y a entender la importancia de su trabajo.

“[En] las criptas se recibe el cuerpo, y hay ocasiones que son muy pesados..., entonces, cuestan un poquito. Digo, hay bebés, que son los que a uno le pegan mal, los bebés, porque ¿cómo le diré? Se siente algo triste, porque es una vida que apenas está creciendo, o jóvenes que también se han ido. Sí, sí duele”, relata.

La muerte es su compañera de trabajo, Rufino lleva cinco años entre tumbas y fosas
Foto: Claudia Rodríguez / El Gráfico
La muerte es su compañera de trabajo, Rufino lleva cinco años entre tumbas y fosas Foto: Claudia Rodríguez / El Gráfico

PIDE EL “CHANCE”

Con la pala al hombro, Rufino camina entre las tumbas y verifica que se encuentren limpias. Después comienza a cavar, no sin antes pedir permiso a la persona que descansa en ese lugar, como una forma de respeto antes de retirar sus restos y trasladarlos a un nuevo sitio.

Para él, el trabajo de inhumador es una labor muchas veces invisible o incomprendida, debido al tabú que rodea a la muerte. Sin embargo, su papel resulta fundamental para garantizar que las personas reciban una disposición final digna y para acompañar, desde su oficio, a las familias que atraviesan un duelo.

SIGUEN ENTEROS

Durante su trabajo, Rufino también ha encontrado restos humanos que conservan parte de su estructura después de varias décadas.

“En las cajas de madera, el cuerpo no se deshace. Yo he encontrado cuerpos que son de 50 o 60 años, todavía con el cráneo. Hay huesos más fuertes, que son los largos, que resisten más; entonces, esos no se acaban tan fácil”, explica.

Con el paso del tiempo, el Panteón General de Toluca se ha convertido en su segundo hogar. Además de realizar inhumaciones, Rufino apoya con la limpieza de tumbas, principalmente de aquellas que ya no reciben flores ni visitas.

Su oficio, conocido tradicionalmente como el de sepulturero, requiere esfuerzo físico, sensibilidad y respeto. Es él quien se encarga de que el descanso final de una persona se realice de manera adecuada y digna, mientras ayuda a que las familias puedan cerrar un ciclo doloroso.

La muerte es su compañera de trabajo, Rufino lleva cinco años entre tumbas y fosas
Foto: Claudia Rodríguez / El Gráfico
La muerte es su compañera de trabajo, Rufino lleva cinco años entre tumbas y fosas Foto: Claudia Rodríguez / El Gráfico

TRADICIÓN. El trabajo que realiza Rufino se conoce comúnmente como sepulturero.

“Es difícil porque no cualquiera lo hace, porque le digo, muchos llegan aquí y empiezan a ver cosas, a pensar que les están hablando, sienten que ven personas... No sé si por la mentalidad, pero no he visto nada”, cuenta Rufino, inhumador del Panteón General de Toluca.

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