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El Día de Muertos es sin duda una de las tradiciones más arraigadas en México. Cada año, cientos de familias ponen su ofrenda esperando a sus difuntos con mucho amor y nostalgia. En ellas ponen las fotos de los fallecidos, comida que les gustaba cuando estaban con vida y algún objeto con valor que apreciaban o usaban como joyas.
La celebración es el resultado de una fusión entre lo prehispánico y lo español. La Iglesia instauró el 1 y 2 de noviembre como los días para honrar a los santos y difuntos; también instauró las misas por los que nos dejaron. Lo cierto es que, antes de la llegada de los españoles, las civilizaciones prehispánicas tenían sus rituales dedicados a la muerte, honrando a las deidades Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.
A pesar de los alimentos, adornos y fotos de los muertos, el elemento más importante de una ofrenda es sin duda el cempasúchil o flor de muerto.
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¿Cuál es la importancia del cempasúchil?
En el Día de Muertos, la flor representa una guía espiritual. Muchos piensan que su color amarillo intenso y su aroma ayudan a las almas a encontrar el camino de regreso a casa. Incluso cuando se hacen eventos para honrar a los muertos, la gente hace caminos de pétalos desde la entrada hasta el altar.
La flor también simboliza la luz del sol, la vida eterna y el ciclo de nacimiento y muerte. Unos incluso dicen que el aroma de las flores se considera atractivo para las almas de los fallecidos.
El cempasúchil es una flor de origen americano de la especie Tagetes, de la cual hay 35 especies. La flor se usa en ocasiones como material para hacer aceites esenciales, para fabricar agroquímicos para combatir insectos y otros materiales.
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Cabe señalar que, si se va a poner ofrenda, hay que checar bien que el cempasúchil haya sido cultivado en México. Existe también la flor china, que es muy similar a la de aquí, pero no dura tanto como la mexicana, ni siquiera tiene el aroma.








