En una declaración que ha encendido las alarmas diplomáticas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó como un "gran honor" la posibilidad de tomar el control de Cuba.
Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, el mandatario republicano no escatimó en adjetivos para describir la situación actual de la isla, dejando abierta la puerta a diversas formas de acción para poner fin al sistema vigente en La Habana.
“Tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella”, sentenció el mandatario, quien además describió al país caribeño como una "nación fracasada" sumida en la falta de recursos, dinero y suministros básicos, contrastando esta realidad con el potencial turístico y agrícola de sus tierras.
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A pesar del tono beligerante, la administración Trump mantiene canales de comunicación abiertos con el gobierno cubano. Sin embargo, la hoja de ruta estadounidense parece tener un obstáculo insalvable para el oficialismo isleño. Según reportes de The New York Times, los negociadores de la Casa Blanca han condicionado cualquier acuerdo de alivio a la renuncia inmediata de Miguel Díaz-Canel.
Aunque la propuesta no exigiría una transformación total e inmediata del sistema político cubano, sí marca un punto de ruptura en la jefatura del Estado. Por su parte, Díaz-Canel ha intentado mantener una postura de apertura, confirmando la existencia de pláticas para buscar soluciones diplomáticas, aunque el margen de maniobra se estrecha mientras Washington insiste en que el régimen "caerá muy pronto".
La presión política de Trump se ve respaldada por una asfixia económica que ayer alcanzó su punto más crítico. Cuba sufrió un apagón generalizado que paralizó por completo la vida en la isla. La Unión Nacional Eléctrica (UNE) informó una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional, dejando a la capital con cortes que superan las 15 horas y a las provincias en la oscuridad absoluta por más de un día.
Este colapso es consecuencia directa de la estrategia de la administración Trump de cortar los envíos de crudo provenientes de Venezuela y amenazar con sanciones severas a cualquier nación que intente abastecer de combustible a la isla. Con una economía casi detenida, la "isla hermosa" que describe Trump enfrenta hoy su prueba de supervivencia más dura bajo la sombra de una intervención que Washington ya no oculta.