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PREGUNTA
Me quedé sin trabajo y siento que se me cayó todo. Mi mujer me dice que no pasa nada, que ya encontraremos cómo salir, pero yo me siento un inútil. Hasta con ataques de pánico. Tengo dos hijos y siempre les he dicho que un hombre tiene que responder por su familia. Ahora, vivo lleno de vergüenza. Mi mujer me abraza y yo me hago el fuerte, pero por dentro estoy hecho pedazos y lloro en las noches. ¿Qué hace un hombre cuando ya no puede ser el que mantiene la casa?
RESPUESTA
Deja de creer que eres una cartera con pantalones. Tus hijos no necesitan solamente quién paga, necesitan a su papá. Tu mujer no se casó con tu recibo de nómina. Perder el trabajo duele y da miedo, pero no confundas una mala racha con haber dejado de ser hombre. Deja que también te cuiden, hazte útil en casa, plantea varios escenarios, pide ayuda profesional y llama a los amigos. Estás atravesando una prueba, saca la casta y conviértete en ese hombre que quieres ser.
PREGUNTA
Yo fui siempre una buena cabrona, ¿para qué mentir? Tengo marido y me metí con otro. Me cacharon, y mi marido me perdonó. Y es que él es buenísimo de corazón: trabajador, cariñoso, amable, me habla bien bonito, siempre va lento, nunca me revisa el teléfono y hasta me lleva flores. Pero no me mueve nada, simplemente me aburre, me baja. Me da culpa porque pienso que después de haber hecho lo que hice debería agradecer que todavía me quiera, pero creo que hubiera preferido que me eche a patadas y estar libre. ¿Estoy mal?
RESPUESTA
Quiérete y no te pongas a las patadas nunca. Antes de mandarlo a volar, fíjate bien si no estás acostumbrada a que el amor venga con pleitos, celos y adrenalina. A veces, el “no siento nada” en realidad quiere decir “no me está haciendo sufrir”. Y esas son cosas muy distintas.
PREGUNTA
Tengo 47 años y llevo 22 de casada. Mis hijos ya están grandes y ahora tenemos más tiempo para nosotros, pero la verdad es que mi marido ya no me mira. No digo que no me quiera. Me quiere, me cuida, pero hace años que no me mira como hombre. Yo tampoco lo miro como mujer. La semana pasada, me puse un vestido que antes le encantaba y ni levantó la cabeza del celular. ¿Cómo se vuelve a empezar con alguien que ya conoce hasta cómo roncas? ¿Alguien que no me ve, que no siente, ni me escucha?
RESPUESTA
El deseo no va a llegar a tocar la puerta mientras los dos están clavados en el celular. Di lo que sientes, pero habla desde el corazón y actúa, es decir, empieza por mirarlo otra vez cuando habla, cuando se baña, cuando vuelva a casa. Acércate, enfócate, admíralo. El cuerpo se acuerda. A veces, para encendernos, solamente necesitamos que alguien nos vuelva a llamar por nuestro nombre.
PREGUNTA
Mi marido está con que va a haber un golpe. De verdad, se despierta hablando del golpe, desayuna hablando del golpe y si le pregunto qué vamos a comer, me sale con que “con este gobierno quién sabe”. No quiere salir, vive con miedo, pegado al teléfono y viendo noticias. Antes lo escuchaba, pero ya me cansé. Y voy a decir algo que me da pena: hasta en la cama me dejó de gustar. ¿Cómo voy a desear a un hombre que está todo el tiempo esperando que se acabe el país de un solo golpe?
RESPUESTA
No puedes obligarte a encontrar sexy a un hombre que se convirtió en noticiario de veinticuatro horas. Pero si lo quieres, tampoco lo humilles. Dile que extrañas al señor con el que te casaste, no al comentarista político que vive en tu sala. Quítenle el internet al teléfono, métanse a la cama, den un paseo en el parque y hablen de ustedes. El país puede esperar. Tu matrimonio, ¿quién sabe?
PREGUNTA
Mi mamá está enferma y un vecino, que es enfermero, viene a cuidarla. Yo le pago, pero hay semanas en que de plano no me alcanza. El tipo me gusta solo para enfermero, así que hago como que quiero estar con él, y así le pago una parte con mi cuerpo. Él acepta y, la verdad, no me siento usada ni tampoco siento que lo uso, pienso que es un trueque. Pero luego me entra la duda: ¿Qué soy? ¿Una mujer agradecida, una amante o una prostituta de mi propia casa?
RESPUESTA
Eres una mujer que está tratando de resolver una situación difícil como puede. Pero cuidado, si te acuestas con él porque te gusta, muy bien; si lo haces porque sientes que le debes dinero, ahí ya no está tan bien. Separa las cosas. Tu cuerpo no es moneda de cambio, aunque a veces sólo quisieras.




