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PREGUNTA
Tengo 32 años. Estoy casada con Bernardo; lo adoro, sólo que necesito confesar algo. Durante el Mundial, me sorprendí fantaseando con mis jugadores preferidos. Me imaginaba que besaba la de Julián Quiñones, mientras besaba la de mi Bernardo. Imaginaba que me tocaba Bellingham, mientras Ber me penetraba. Me descubrí acariciándome los pezones mientras despierta repetía Mbappé y qué decir de Cristiano Ronaldo… con él lo hice absolutamente todo; casi se me sale su nombre dos veces en la cama. No quiero dejar a mi marido. Sólo me pregunto si estoy siendo infiel en mi cabeza o si Bernardo ya nunca me va a prender.
RESPUESTA
Sin duda, el Mundial hizo un gol en tu matrimonio. Siempre que la imaginación alimente el deseo, ve hacia adelante. Observa: esa fantasía termina acercándote a Bernardo. No hagas nada que te jale hacia otro lado; hay personas que nos inspiran y nos sacan luz y esta forma que describes es muy válida y hermosa de acercarte a tus héroes. La culpa y la fantasía no se llevan bien.
PREGUNTA
Fue más de un mes con la casa llena de gritos, amigos, botanas, cervezas, apuestas y abrazos y llamadas con vecinos... terminó el Mundial y ahora no quiero entrar a la sala ni prender la tele. Guardé el asador y los platitos botaneros, la Bandera de México y las camisetas de mis ídolos. Siento un pinche mal humor… no quiero entrar de nuevo a esta rutina nuestra. ¿Existe la depre del Mundial o, de plano, cuando se acaba la fiesta futbolera y regreso a mi realidad se me escapa la alegría?
RESPUESTA
Esa reflexión a la que llegaste puede ser peligrosa. Obsérvate. ¿Será que extrañas pertenecer a una tribu, a un mismo canto, emocionarse con muchísimas personas o que no te gusta hacerte uno con los tuyos y te sientes sola? No necesitas otro Mundial para volver contestar esa pregunta. Inventa nuevas excusas para celebrar. Quizás una rutina semanal como viernes por la noche o domingos a comer. No importa cómo, pero juntarte una vez a la semana con la familia da salud, alegría y unidad. Si te gustan las fiestas, haz fiestas.
PREGUNTA
Desde que me lastimé el pie descubrí algo raro, no quiero salir de casa. Afuera todo me parece pesado: el tráfico, el calor, la gente, el transporte, las prisas. En cambio, mi casa se convirtió en un oasis. Leo, cocino, veo llover y, la verdad, es que respiro mejor. Mi familia dice que me estoy volviendo ansiosa. Yo no sé si eso es cierto, esa palabra no me dice nada, sólo siento que el mundo anda duro. ¿Será que sí estoy enferma o simplemente se vale quedarse en el lugar donde por fin encuentro descanso?
RESPUESTA
No todo deseo de quedarse en casa es una enfermedad. Muchas personas descubren que necesitan silencio; estamos cansados del ruido. Sólo observa una cosa: donde elijas quedarte sé productiva y limpia. Cocina, inventa. No es sólo descanso, si dejas de salir porque el miedo manda, conviene pedir ayuda. La paz de tu hogar nunca debería convertirse en una prisión.
PREGUNTA
Mi amiga francesa terminó de malas porque su selección perdió y aquí en México conozco hombres que duraron tres días insoportables cuando perdió México. Me impresiona ver a adultos deprimidos por 11 jugadores que ni conocen; por perder en un esfuerzo que no está en sus manos, por creer que la victoria o la derrota es suya. ¿En qué momento el futbol dejó de darnos alegría para empezar a quitárnosla?
RESPUESTA
En el momento que te identificas con un equipo en serio, en que juegas a la unidad, y sí, muchos confunden el entretenimiento con la identidad. El deporte debería regalarnos emociones, no robarnos la paz. Está bien llorar una derrota, lo preocupante es olvidar que la vida sigue teniendo motivos para ser feliz después del silbatazo final.




