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PREGUNTA
Mientras mi marido gritaba “¡gol!”, yo abría la aplicación del banco para ver si alcanzaba para la colegiatura. Él regresaba del súper feliz porque había encontrado otra promo de chela; yo escondía el recibo del gas para que no me preguntara cuánto había subido. Él decía que el Mundial unía a ricos y pobres. Yo pensaba en la carne para invitados y en las botanas del siguiente partido y en los vecinos que nos caían. ¿Será que las mujeres vemos el marcador... pero también la cuenta?
RESPUESTA
No conviertas la contabilidad en la única narradora de la casa. Si el presupuesto alcanza para una reunión, también debería alcanzar para un café juntos, una caminata o un helado compartido. Las mejores celebraciones casi nunca son las más caras; son aquellas donde alguien se siente visto, escuchado y querido. Hay goles que duran segundos y estados de cuenta que duran todo el mes. Celebren, claro. Pero acuérdense de dejar un poco de presupuesto para ustedes dos. Una nieve compartida puede terminar siendo mucho más romántica que una hielera llena de chelas. En la fiesta se siente uno en otra dimensión.
PREGUNTA
No sé si soy la única que lo notó, pero durante el Mundial la gente parecía menos pesada. El señor del puesto de periódicos saludaba más, el taxista hablaba de alineaciones en vez de políticos, en el mercado todos discutían quién era mejor delantero y hasta mi suegro dejó de pelearse con mi cuñado porque por primera vez los dos querían lo mismo. Me dio tristeza descubrir que necesitamos un balón para recordar que podemos llevarnos bien. ¿Será que al mundo le faltan menos opiniones y más emociones compartidas?
RESPUESTAS
Nos encanta pertenecer a algo. A veces le llamamos selección, otras familia, otras amigos. El problema empieza cuando dejamos que el único motivo para reunirnos sea un campeonato. Inventen otros, un viernes de tacos, un domingo sin celulares o una noche de cartas. El amor también necesita calendario.
PREGUNTA
Ya hasta acabó el Mundial, pero mi marido sigue defendiendo a Egipto como si tuviera familia en El Cairo. Le dije que ya parecía comentarista deportivo frustrado y él me contestó que yo nunca entiendo nada. Desde entonces, desayunamos frente al mismo mantel de cuadritos, él lee las noticias, yo unto mantequilla al pan y el silencio hace más ruido que la licuadora. Dormimos espalda con espalda por un penal que ocurrió al otro lado del planeta. Si alguien me hubiera dicho hace 20 años que un árbitro iba a dormir entre nosotros, me habría muerto de la risa. ¿Cómo dejamos que un partido se metiera hasta debajo de las cobijas?
RESPUESTA
Hay matrimonios que sobreviven a las suegras, a las mudanzas y hasta a las deudas... pero tropiezan con un fuera de lugar. Dile que Egipto sí fue víctima de una conspiración universal y después dale un beso. Si sonríe antes de corregirte el dato futbolero, todavía van ganando.
PREGUNTA
Extraño el desorden. Los cojines tirados en el piso, el perro ladrándole a la televisión, mis hijos discutiendo si era penal, mi marido gritándome desde la sala que si había más guacamole y yo entrando con otra charola fingiendo que me molestaban... cuando en realidad me encantaba verlos juntos. Ahora cada quien volvió a su mundo, todos están encerrado en su cuarto con una pantalla distinta. Hay más silencio, la casa está más limpia... y yo estoy mucho más triste. ¿Será que una familia necesita pretextos como un balón para volver a sentirse familia?
RESPUESTA
Las casas no se llenan de recuerdos por casualidad. Siempre hubo alguien que preparó las botanas, puso la mesa o hizo la llamada para reunir a todos. No esperes al próximo Mundial. Organiza cualquier cosa. La fiesta nunca fue el fut, siempre fueron ustedes.
PREGUNTA
Durante un mes dejé de preguntarme dónde había quedado el hombre con el que me casé. Se metía a bañar cantando... Prendía el carbón, invitaba a los vecinos, abrazaba a los niños cuando caía un gol y hasta me agarraba la cintura mientras lavábamos los platos. Nos quedábamos viendo las repeticiones y terminábamos haciendo el amor como si también hubiéramos ganado un campeonato. Perdió México, y volvió el hombre que cena viendo TikTok, bosteza y me da un beso sin despegar los ojos del cel. ¿Será que el amor también necesita un calendario de partidos?
RESPUESTA
No fue el Mundial. Fue la emoción compartida. Los hombres también necesitan volver a sentirse niños de vez en cuando. Ahora les toca inventar un torneo donde el premio no sea una copa... sino terminar otra vez abrazados, riéndose en la cocina y llegando tarde a la cama por culpa de ustedes mismos.
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