Para millones de mexicanos, eldel partido entre México e Inglaterra marcó mucho más que una derrota deportiva: significó el fin de la ilusión mundialista. Durante semanas, el futbol unió a familias, amigos y ciudades bajo un mismo sentimiento de esperanza. Pero, como sucede en el deporte y en la vida, llega el momento de volver a la realidad.

Y esa realidad nos obliga a mirar nuevamente los problemas que siguen esperando solución.

En el , el Mundial representó una oportunidad para reactivar la economía. Comerciantes, restauranteros, hoteleros y prestadores de servicios confiaban en que la fiesta del futbol atrajera visitantes y fortaleciera sus ventas. Algunos obtuvieron beneficios, pero para muchos el impacto fue limitado porque los obstáculos de siempre siguen presentes.

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Es tiempo de cambiar los gritos de gol por acciones concretas y retomar el trabajo coordinado entre autoridades, empresarios y vecinos para recuperar el corazón de nuestra ciudad.

El CH no puede seguir padeciendo el crecimiento del comercio informal, la inseguridad, la falta de movilidad, el deterioro del espacio público y la competencia desleal que afecta a miles de negocios establecidos que generan empleo, pagan impuestos y sostienen la economía.

El Mundial proyectó a México ante los ojos del mundo. Ahora, corresponde evitar que esa imagen contraste con un CH abandonado o resignado a sus problemas. Tenemos la responsabilidad de devolverle el orden, la seguridad, la limpieza y el atractivo que merece, tanto para quienes lo visitan como para quienes todos los días trabajan y viven en él.

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El balón dejó de rodar para México, pero el partido más importante apenas comienza: el de recuperar la dignidad, la grandeza y el esplendor del CH. Ese sí es un campeonato que no podemos perder. *Presidente de Procentrhico

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