Hay deportes que permiten sacar conclusiones antes de tiempo. El definitivamente no es uno de ellos. Quien se atreve a abandonar el estadio en la octava entrada para evitar el tráfico o alcanzar el metro corre el riesgo de perderse la mejor parte de la película.

El viejo dicho de que “el juego termina hasta que cae el ” sigue más vigente que nunca. El diamante tiene una extraña capacidad para recordarnos que ningún marcador está a salvo y que la historia puede cambiar con un swing. Un lanzador dominante puede pasar de héroe a villano en cuestión de minutos; un bateador que llevaba toda la noche peleado con la pelota puede convertirse en el protagonista. Así es este deporte: impredecible, caprichoso y, justamente por eso, maravilloso.

Los Pericos de Puebla regalaron hace un par de días una prueba más de esa esencia. En Oaxaca, parecía que los Guerreros tenían todo bajo control. Durante ocho entradas administraron la ventaja y daban la impresión de tener el encuentro guardado bajo llave. Sin embargo, olvidaron un pequeño detalle: en el beisbol las llaves suelen perderse en la novena.

Cuando ya había dos outs y muchos aficionados seguramente comenzaban a hacer cuentas para la victoria local, la ofensiva poblana decidió despertar. Herlis Rodríguez acercó a los visitantes, Cristhian Adames empató el encuentro con un doblete y, de pronto, el estadio cambió de ambiente. El silencio apareció.

Lee también:

Entonces, llegó Luis Castro, quien tuvo una noche inspirada, para conectar el batazo que rompió el empate. Como si eso no fuera suficiente, David Rodríguez apareció después con otro golpe oportuno para terminar de escribir una épica remontada.

Eso tiene el beisbol. Castiga la soberbia y recompensa la paciencia. Enseña que ningún juego está decidido mientras exista una pelota por lanzar.

UN ABRAZO DE SOLIDARIDAD

Esta semana, el beisbol también mostró momentos de preocupación, de esos que no nos gusta observar, al menos, creo, a los habitantes de la Ciudad de México. Un partido de la Liga Mayor de Beisbol Profesional de Venezuela fue interrumpido por los fuertes sismos que sacudieron al país sudamericano. De un instante a otro, desaparecieron los batazos y las estrategias. Lo único importante pasó a ser encontrar un lugar seguro.

Las imágenes que circularon en las redes sociales fueron impactantes. Peloteros, umpires y aficionados reaccionaron con desconcierto mientras el terreno se convertía en refugio improvisado. El marcador deja de importar porque, cuandoel suelo decide moverse, no existen equipos rivales; todos juegan para el mismo lado.

En México, conocemos muy bien esa sensación. Por eso, vale la pena enviar un abrazo solidario a Venezuela.

Google News

TEMAS RELACIONADOS