¿Estás listo e ilusionado con el siguiente paso de la Selección Mexicana? ¿Eres de quienes forjan esperanza y dicen: “¿Y si sí?”? El camino, hasta ahora perfecto, del equipo mueve a la confianza.
Ellos harán su chamba en la cancha. Pero fuera del campo, en el terreno de la fiesta y la apropiación de las calles, el trabajo es de todas y todos.
Con más de dos millones de aficionados acumulados en los tres festejos por el mismo número de juegos ganados, hasta ahora el saldo ha sido blanco, sin incidencias graves.
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El desafío de cuidar el espacio público
Sin embargo, al disiparse los abrazos, porras y postales del recuerdo, surge el desafío anotado directamente en la cartilla moral de la población. Toca evaluar las condiciones de conservación de nuestra máxima cancha compartida: la metrópoli misma.
Un festejo masivo desnuda de inmediato virtudes y carencias de una sociedad, obligándonos a mirar el espejo del espacio público recién abandonado. Una bolsa plástica tirada en la acera o una botella de refresco arrojada al pavimento poseen la capacidad de transformar el goce colectivo en un tiempo extra indeseable.
Junto al fervor se exige profundo respeto hacia el entorno común. Justo al concluir la fiesta, cuando toca barrer, cobra vigencia el programa institucional impulsado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada: La mejor sede del Mundial deja limpia la ciudad.
¡Ponte al tiro! Este martes, cuando la Selección dispute su pase al mítico quinto partido, el comportamiento en las calles medirá el nivel de nuestra madurez social ante los ojos del mundo. Al mismo tiempo, la enormidad de la fiesta inunda las reglas. Mientras no las ahogue.
@guerrerochipres


