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Hace un mes, Marco Antonio juró que compraría un arma para matar a su esposa y darse un tiro en la cabeza.
El hombre cumplió la amenaza que lanzó contra su víctima, después de que ella lo abandonara y se refugiara en una casa de Tláhuac.
Ellos tenían 22 años de casados y un mes de separados. Esa relación violenta obligó a Cristian Mabel a dejar al agresor y buscar cobijo en la casa de su madre.
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AMENAZAS DE MUERTE TERMINARON EN TRAGEDIA
Desde entonces, la mujer y su hija vivían en la casa de la abuela materna, en la colonia Santa Ana Poniente, del pueblo de Santiago Zapotitla, en Tláhuac.
Pero aunque ella no pretendía volver con su agresor, Marco Antonio no respetaba la decisión de Mabel. Por eso acudía a ese domicilio para insistirle que regresaran. No lanzaba promesas de cambio en su actuar, sino amenazas de muerte para forzarla a estar con él.
Ante su hija, el hombre juró que compraría un arma para matar a su esposa.
El miércoles por la noche, el hombre llegó a la casa de su exsuegra. Ahí, en el número 221 de la calle Amado Nervo, Marco Antonio pidió hablar con su esposa.
El hombre ingresó a la casa y por unos minutos habló con ella. La plática se tornó en una discusión que sólo se silenció cuando se escucharon dos balazos dentro de la vivienda.
Tras las detonaciones, la hija de la víctima halló a Cristian Mabel sin vida y con un balazo en la cabeza.
Afuera, en la entrada de la casa, encontró a su padre muerto con un disparo en la testa.
A un lado estaba el arma Taurus calibre 9 milímetros que Marco Antonio consiguió para matar a su esposa.








