¿Te imaginas estar trabajando en una obra y encontrarte con un enorme tesoro de cientos de años de antigüedad? Pues algo muy parecido les pasó a unos trabajadores en pleno corazón de la Ciudad de México, cuando descubrieron por accidente una de las piezas más importantes de nuestra historia: el

Aunque hoy es uno de los símbolos más conocidos de México, pocos saben que la famosa pasó más de 200 años enterrada y que su descubrimiento ocurrió cuando nadie la estaba buscando.

Todo sucedió el 17 de diciembre de 1790, durante unas obras en lo que actualmente conocemos como el Zócalo de la CDMX. Los trabajadores únicamente tenían la tarea de arreglar el suelo de la plaza, pero terminaron encontrando algo que nadie esperaba.

¿Cómo encontraron el Calendario Azteca bajo el Zócalo?

La historia nos lleva hasta la época de la Nueva España, cuando el virrey Juan Vicente de Güemes, segundo conde de Revillagigedo, ordenó realizar trabajos para mejorar las calles y plazas de la capital.

Como parte de estas obras, un grupo de trabajadores comenzó a excavar en la antigua Plaza Mayor para nivelar el terreno y colocar un nuevo empedrado.

Sin embargo, mientras removían la tierra, encontraron algo fuera de lo común.

Así fue el sorprendente hallazgo:

Los trabajadores realizaban excavaciones como parte de las obras de remodelación. A unos 40 centímetros de profundidad apareció un gigantesco bloque de piedra enterrado.

Al principio no podían observar los símbolos que tenía grabados. Al dejar al descubierto su parte labrada, apareció una enorme escultura circular con símbolos de la cultura mexica.

Las autoridades y estudiosos de la época comenzaron a interesarse por aquella misteriosa pieza.

Entre quienes estudiaron el monumento estuvo Antonio de León y Gama, un investigador que realizó uno de los primeros análisis de la escultura.

Lo que comenzó como un trabajo para mejorar la apariencia de la ciudad terminó convirtiéndose en uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de México.

¿Por qué el Calendario Azteca estaba enterrado?

Aquí viene otra parte interesante de la historia: la Piedra del Sol no siempre estuvo escondida bajo tierra.

Después de la conquista de Tenochtitlan, en 1521, el enorme monumento permaneció visible durante algunas décadas. Sin embargo, las cosas cambiaron en el siglo XVI.

De acuerdo con las crónicas del religioso Diego Durán, la escultura fue enterrada por orden del arzobispo Alonso de Montúfar, debido a su relación con las antiguas creencias y ceremonias religiosas de los mexicas.

Así, la enorme piedra quedó oculta bajo la ciudad durante más de dos siglos, mientras la vida continuaba sobre ella.

Fue hasta 1790 cuando las obras de remodelación permitieron que volviera a salir a la luz.

¿Qué pasó con el Calendario Azteca después de encontrarlo?

Una vez que fue descubierto, las autoridades decidieron conservar el monumento en lugar de volver a enterrarlo.

La Piedra del Sol fue colocada en el exterior de la torre occidental de la Catedral Metropolitana, donde permaneció durante buena parte del siglo XIX.

Más adelante fue trasladada al antiguo Museo Nacional, hasta que finalmente encontró el lugar donde podemos admirarla actualmente.

Desde 1964, el Calendario Azteca se exhibe en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México.

¿El Calendario Azteca realmente era un calendario?

Aunque casi todos lo conocemos como el Calendario Azteca, su nombre más preciso es Piedra del Sol, y su significado va mucho más allá de marcar los días.

Este impresionante monumento tiene aproximadamente:

  • 3.60 metros de diámetro.
  • 24 toneladas de peso.
  • Símbolos relacionados con el tiempo y la cosmovisión mexica.
  • Representaciones vinculadas con el mito de los Cinco Soles.

Los especialistas consideran que no se trataba de un calendario para consultar fechas como los que utilizamos actualmente, sino de un monumento con un profundo significado religioso y cosmológico.

Lo más sorprendente es pensar que uno de los tesoros históricos más importantes de México permaneció oculto bajo el Zócalo durante cientos de años.

Y si aquellos trabajadores no hubieran excavado precisamente en ese lugar, quizá la Piedra del Sol habría permanecido enterrada durante mucho más tiempo.

Hoy, millones de personas conocen su imagen, pero no todas saben que su redescubrimiento comenzó con una simple obra de remodelación en el corazón de la capital mexicana.

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