La llegada del gigantesco monolito de no solo marcó un momento histórico para el país, también dio origen a una de las leyendas urbanas más famosas de la capital: la tormenta que cayó el día de su traslado y que, según miles de personas, parecía una advertencia del propio dios mexica de la lluvia.

El 16 de abril de 1964, el enorme monolito fue trasladado desde la comunidad de Coatlinchán, en Texcoco, hasta el recién construido Museo Nacional de Antropología, donde sería colocado como pieza principal en la entrada del recinto.

Sin embargo, lo que parecía una compleja operación logística terminó convertido en un episodio casi mítico para la historia de la Ciudad de México.

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Aunque era primavera y todavía no iniciaba formalmente la temporada de lluvias, aquel día cayó un aguacero atípico que duró más de una hora y media y provocó severas inundaciones en distintos puntos de la capital.

La lluvia fue tan intensa que paralizó varias zonas de la ciudad, mientras miles de personas observaban el avance de la gigantesca piedra prehispánica por calles y avenidas rumbo al Bosque de Chapultepec.

Con el paso de los años nació una leyenda: muchos aseguraron que la tormenta no tocó ni un solo centímetro del monolito de Tláloc durante su recorrido.

Aunque esto nunca pudo comprobarse, el relato alimentó la creencia de que el dios mexica del agua, el rayo y los terremotos “anunció” su llegada a la capital desatando la lluvia sobre la ciudad.

El enorme reto de mover a Tláloc

El monolito permanecía originalmente en Coatlinchán, donde era conocido popularmente como “la piedra de los tecomates”.

Desde finales del siglo XIX se tenía registro de su existencia y fue en 1903 cuando el arqueólogo Leopoldo Batres aseguró que se trataba de una representación de Tláloc.

Durante décadas formó parte de la vida cotidiana de la comunidad. Algunas personas incluso se subían al monumento o convivían alrededor de él, hasta que el entonces presidente Adolfo López Mateos ordenó trasladarlo para convertirlo en la pieza principal del nuevo Museo Nacional de Antropología.

El día que Tláloc paralizó la CDMX y “desató” una tormenta histórica. Foto: (Especial)
El día que Tláloc paralizó la CDMX y “desató” una tormenta histórica. Foto: (Especial)

El movimiento de la escultura fue una auténtica hazaña de ingeniería.

El monolito pesa alrededor de 167 toneladas, aunque junto con la plataforma construida especialmente para moverlo alcanzó aproximadamente 250 toneladas, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Para transportarlo se construyó una plataforma de 24 metros de largo por seis metros de ancho y fue necesario cavar un foso de tres metros de profundidad.

Además, durante el recorrido tuvieron que cortarse más de 300 cables y alrededor de 50 líneas de alta tensión que obstruían el paso de Tláloc hacia la capital.

Miles salieron a ver el paso del dios mexica

El día que Tláloc paralizó la CDMX y “desató” una tormenta histórica. Foto: (Especial)
El día que Tláloc paralizó la CDMX y “desató” una tormenta histórica. Foto: (Especial)

El recorrido del monolito causó una enorme expectativa entre la población. Se estima que cerca de 60 mil personas salieron a las calles para observar el histórico traslado.

Tláloc cruzó por el Zócalo capitalino y continuó su trayecto hasta llegar al Bosque de Chapultepec casi a la medianoche, donde finalmente quedó instalado frente al Museo Nacional de Antropología.

Más de seis décadas después, la lluvia que acompañó su llegada sigue siendo tema de conversación entre quienes vivieron aquel momento y una de las historias más fascinantes sobre la relación entre la Ciudad de México y las antiguas deidades mexicas.

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