Más Información
En una de las esquinas más cargadas de historia de la Ciudad de México se encuentra un inmueble que, aunque hoy luce abandonado, durante años fue conocido por albergar la cantina La Flor Asturiana.
El edificio está ubicado en la esquina de la actual Calzada México-Tenochtitlan —antiguo Puente de Alvarado— y la calle Ponciano Arriaga, en la colonia Tabacalera. Su localización no es cualquier cosa: se encuentra en una zona relacionada con la antigua calzada de Tlacopan y con uno de los episodios más famosos de la historia de la capital, la llamada Noche Triste de 1520.
Precisamente por estar en un sitio tan antiguo, alrededor del inmueble han surgido varias versiones sobre su pasado. Una de las más repetidas asegura que se trata de una construcción colonial. Sin embargo, aquí viene el detalle: hasta ahora no se ha localizado documentación pública que permita confirmar con certeza esa versión.
¿La Flor Asturiana realmente es una construcción colonial?
Aunque en redes sociales y publicaciones de divulgación suele señalarse que el inmueble tiene origen virreinal, no existen, al menos de manera pública y fácilmente consultable, registros patrimoniales o documentos históricos que permitan establecer con precisión cuándo fue construido.
Tampoco se han encontrado referencias ampliamente difundidas que describan al edificio como una construcción colonial.

De hecho, basta observar algunos de sus elementos arquitectónicos para plantear otra posibilidad: que el inmueble sea mucho más reciente y haya sido levantado a finales del siglo XIX o principios del XX.
Esta hipótesis tendría sentido si se toma en cuenta la transformación que experimentó la colonia Tabacalera durante el Porfiriato, cuando esta zona de la ciudad comenzó a adquirir buena parte de la imagen urbana que conocemos actualmente.
El propio nombre de la colonia está relacionado con La Tabacalera Mexicana, empresa establecida en este sector hacia finales del siglo XIX.
¿Qué pasó con la famosa cantina?
Durante años, La Flor Asturiana formó parte del paisaje cotidiano de esta zona de la capital. Sin embargo, con el paso del tiempo el establecimiento dejó de funcionar.
Actualmente, distintos directorios y registros comerciales en internet la identifican como un negocio permanentemente cerrado, aunque no existe información pública suficientemente clara que permita establecer exactamente en qué fecha dejó de operar.
Y ahí comienza otra parte interesante de la historia: el edificio parece haber quedado prácticamente en el olvido.
A diferencia de otros inmuebles históricos de los alrededores, como el antiguo Palacio de Buenavista, que actualmente alberga el Museo Nacional de San Carlos, la antigua sede de La Flor Asturiana no aparece con tanta frecuencia en investigaciones, libros o recorridos dedicados al patrimonio arquitectónico de la zona.
Incluso encontrar fotografías antiguas del inmueble no resulta sencillo.

Un edificio rodeado de historia y preguntas
Lo curioso de La Flor Asturiana es precisamente esa combinación entre su ubicación y las dudas que todavía existen sobre su origen.
Está en un punto de la Ciudad de México por donde han pasado siglos de historia. La zona estuvo vinculada con la antigua calzada que conducía hacia Tlacopan y con acontecimientos relacionados con la caída de México-Tenochtitlan. Sin embargo, eso no significa necesariamente que todos los edificios que actualmente se encuentran ahí tengan la misma antigüedad.
La cercanía con sitios históricos ha contribuido a que algunas versiones sobre el inmueble se repitan con el paso de los años, pero una cosa es la tradición oral y otra contar con documentos que permitan comprobarla.
Por ahora, afirmar que La Flor Asturiana es una construcción colonial sería ir más allá de la evidencia disponible.
¿Qué falta para conocer la verdadera historia de La Flor Asturiana?
Para resolver el misterio habría que echar mano de documentos que permitan reconstruir la historia del predio: archivos catastrales, escrituras, registros de propiedad, planos antiguos, fotografías históricas y expedientes de protección patrimonial, entre otros.
Ese tipo de investigación podría revelar cuándo apareció realmente el inmueble, quién lo construyó, qué había anteriormente en el terreno y cómo cambió con el crecimiento de la ciudad.
Mientras tanto, el antiguo edificio de La Flor Asturiana permanece como uno de esos rincones que llaman la atención de quienes recorren la Tabacalera.
Quizá no sea un inmueble colonial, como suele afirmarse, pero eso no le resta interés. Al contrario: su historia todavía tiene varias páginas por descubrir y podría ayudar a entender cómo cambió esta zona de la Ciudad de México entre el siglo XIX y la ciudad moderna.
Y es que, en una capital donde muchas veces basta caminar unos metros para encontrarse con siglos de historia, también existen edificios cuyo pasado permanece, literalmente, detrás de sus muros.








