A los siete años, dejó su casa. Su padre, un alcohólico sin empleo, lo obligaba a pedir dinero en los camiones de transporte público. lo golpeaba.

Pronto encontró refugio en “Los chidos de Linda Vista”, la banda con la que creció. Para entonces, ya . Su madre, aunque con poco conocimiento sobre lo que vivía su hijo, hizo todo lo posible por sacarlo adelante.

A los 12 años, fue ingresado al tutelar de menores por daños a la salud. A esa edad, ya robaba coches y comercios para sobrevivir.

Lee también:

En el tutelar, vivió su primera celebración de cumpleaños gracias a los trabajadores sociales, pero nunca se sintió parte del sistema y se fugó tres veces.

De ahí fue trasladado a la correccional de San Fernando, de donde también escapó una vez utilizando las cloacas para huir.

“El Terra” no conoció otro camino que la violencia. Su hermano, a quien admiraba profundamente, había estado en prisión en Estados Unidos.

Para él, la cárcel se convirtió en un destino natural. Desde 1990, pasó por múltiples penales: Barrientos, Almoloya, Neza, Ecatepec y Texcoco, donde se ganó reputación como líder de motines.

En Barrientos, llegó a ser uno de los gobernantes internos y, en Ecatepec, organizó disturbios que duraron dos días. Fue trasladado a penales federales después de estos conflictos.

La cárcel le dio lo que nunca tuvo afuera: respeto, poder y estructura. Aprendió los códigos no escritos de la prisión, donde antes se castigaban los delitos contra menores repitiendo el mismo patrón de abuso.

También entendió la jerarquía: conoció a narcotraficantes como Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero.

En los penales federales, vio cómo la droga entraba escondida en las partes íntimas de las visitas y cómo ciertos internos recibían protección especial.

Su vida dentro fue marcada por la violencia. En cada motín, en cada traslado, se hizo más duro.

Atacó a varios internos con armas improvisadas y fue testigo de innumerables enfrentamientos.

Su paso por el penal de Chihuahua terminó cuando se hizo cercano al líder de una de las bandas más grandes de Juárez.

Está preso por robo y violación, delitos que asegura no haber cometido. Admite que vendía marihuana e inhalaba solventes, pero niega los cargos que lo tienen encerrado. Ahora, a los 54 años, lleva nueve meses sobrio e intenta dejar atrás la vida que conoció. Sueña con encontrar a alguien, tener dos hijos y darles lo que él nunca tuvo.

Quiere dejar un legado, demostrar que es posible cambiar y brindarles el apoyo y cuidado que él nunca recibió. Para muchos, su historia es una de crimen y violencia, pero para él, es la historia de un niño que nunca tuvo oportunidades. Hoy, a pesar de todo, busca una nueva vida.

Google News

TEMAS RELACIONADOS