Por fin llegó a México el Soda Stereo Ecos, y la noche del martes pudimos presenciar la primera de tres fechas que dará la banda argentina en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México.
Es difícil procesar todo lo que ocurrió en este concierto. Fue una mezcla de realidad con fantasía, como un dulce sueño en el que pasan cosas imposibles y del que no quieres despertar. No quieres que termine, deseas quedarte en esa duermevela llena de musicalidad junto a un viejo conocido que ya no está y que, de pronto, se te aparece a la mitad de la nada para fundirte con él en un último abrazo.

Todo comenzó con esa guitarra en repetición formando 'Ecos', justo en el momento en el que la gente ya se comenzaba a impacientar por las más de dos horas de retraso. Muchos ya comenzábamos a pensar que el concierto sería cancelado, que la tecnología para traer a Cerati "del más allá" les estaba jugando una mala broma y que en cualquier momento nos desalojarían del inmueble.
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Cerca de las 10:15 horas de la noche (el show estaba programado para las 8 p.m.), cuando el ánimo empezaba a flaquear, entró la seguridad de la arena a sacar a un joven, lo que despertó a la multitud: 15 mil asistentes gritando que no lo sacaran: "¡déjenlo!, ¡déjenlo!". Y justo en ese instante, como si todo estuviera guionizado, mientras ya sonaba el bucle de 'Ecos' mezclándose con el caos del duelo con la justicia, se apagaron las luces y comenzó el sueño stereo.
Lo que sucedió en los siguientes 100 minutos me recordó a la película 'El ilusionista', cuando el personaje de Edward Norton, un prestigioso mago, deja al público con un nudo en el estómago, en estado de shock, impactado por "traer de la muerte" a una mujer con un acto de magia.
Y es que sobre el escenario, mientras sonaba la canción que da nombre a esta nueva gira, 'Ecos' (un tema olvidado y que no tocaba Soda desde finales de los años 80), y 'Sueños de seducción', aparecieron tres siluetas en acción detrás de un telar que apenas y las dejaba ver.
Dos de ellos eran Zeta Bosio y Charly Alberti, los sobrevivientes del grupo. El otro era el eterno protagonista, Gustavo Cerati, que milagrosamente regresaba a escena en forma de avatar, holograma o ensoñación.
Sabrá Dios si Gustavo se está revolcando en su tumba o agradece el poder robarle un poco más de tiempo a la vida. Lo cierto es que el ídolo estuvo otra vez detrás de su guitarra y micrófono para entonar 'Nada personal' y 'Hombre al agua', momentos en los que el telar se subió y ahora sí se pudo ver con claridad los rostros de los tres músicos ya sin sombras.
La magia está ahí en la tarima. Es una nueva oportunidad para ver a Soda Stereo, sobre todo para aquellos que jamás lo pudieron hacer en su momento. Se trata de una hermosa fantasía llena de luces que recorren todo el escenario y se desplazan por una estructura en lo más alto de la pista, sobre fanáticos que se desgañitan con 'Ella usó mi cabeza como un revólver' y la premonitoria frase: "Después de un baño cerebral, estaba listo para ser amado".
Y vaya que Cerati y Soda se dejaron amar. La gente ya no recordaba el retraso de 135 minutos, pero Zeta, en una de las pocas intervenciones que tuvo, se disculpó: “... Gracias por la paciencia, hubo unos inconvenientes hoy, pero ustedes y la gente aquí le han puesto mucha voluntad y esto está pasando, qué lindo reencuentro”.
Cuando entrabas al 'Domo de Cobre', te entregaban unos lentes (souvenir) con efecto 3D que fueron usados por primera vez en el tema 'Cuando pase el temblor', para navegar entre ruinas prehispánicas en tercera dimensión; y mucho más tarde, casi al final, en 'Primavera O', para observar el rostro de Gustavo lleno de efectos psicodélicos y luminosos que te hacían sentirlo más de cerca.
Llegaron más himnos de Soda Stereo como 'Luna roja', 'Séptimo día', 'La ciudad de la furia', 'Persiana americana', que continuaban con ese mismo efecto visual que te hacía ver a Cerati de manera tan realista que era escalofriante.
Es verdad, por instantes se desfasaba el video del holograma, pero era corregido a la brevedad. La sonoridad apabullante, la ejecución de Zeta y Charly sobre pistas que dobleteaban el sonido de su bajo y batería, ayudaban a sacar a flote las canciones con contundencia, siempre con la voz y guitarra predominantes de Gus, que el grupo recuperó de los archivos de sus en vivos.
Soda Stereo Ecos ha generado mucha conversación desde que fue anunciado. Críticas de gente que no fue al concierto, opinadores de sillón, hay por montones.
Lo que para unos fue un fraude, para otros una oportunidad de volver a sentir el legado inmortal del grupo, soundtrack de vidas.
Fueron una veintena de canciones las que sonaron ayer en la primera noche del Ecos en México. Todavía al final, Bosio y Alberti se montaron en dos plataformas instaladas entre el público en los extremos de la pista para cerrar con 'De música ligera'. Los músicos sintieron la calidez de los fanáticos que llenaron el Palacio convertido en karaoke, una arena que vivió un polémico milagro, una quimera que aún tendremos que digerir al calor de los sueños y los ecos.









