Pachuca.– Son ya mil 460 días los que han pasado sin que María y Román —nombres ficticios— vean a su hijo Arturo. Él permanece en Estados Unidos y por temor a ser deportado. En casa, María se niega a seguir contando los días; por eso, cuando encontró en internet una oferta de trabajo en un rancho de Carolina del Norte creyó que la espera terminaba.

, estaba por convertirse en una de las víctimas de una red de falsas ofertas laborales que ha defraudado a decenas de personas. En su caso, el engaño no sólo significó perder dinero, sino también documentos personales, tranquilidad y la ilusión de volver a abrazar a su hijo.

La oferta prometía un empleo temporal para matrimonios en Carolina del Norte, además de visa, traslado y contratación. pero decidió investigar. La empresa tenía oficinas en una céntrica plaza comercial de Pachuca, todo parecía legítimo.

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“Todo sonaba tan lógico. Te explicaban todo, preguntabas cualquier cosa y tenían una respuesta”, menciona la mujer.

Buscaban una manera legal de volver a ver a su hijo

María y Román llevan 27 años juntos y tienen dos hijos, una niña de 10 años y un joven de 26. El esposo trabaja en la construcción y ella vende dulces y frituras.

La migración ha formado parte de la historia familiar. Cuando tenía 24 años, Román viajó por primera vez a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Permaneció un año en California y después decidió regresar.

Dos meses después, volvió a migrar, esta vez acompañado de María. Durante dos años y medio vivieron en Charlotte, donde lograron construir parte de su patrimonio. En 2008, regresaron a México.

Años después, Arturo decidió migrar a Estados Unidos. Aunque sus padres intentaron convencerlo de que no tenía necesidad económica, el joven quería salir adelante por sus propios medios. En su primer intento fracasó, pero dos semanas después logró cruzar a la Unión Americana.

La distancia llevó a María a buscar una manera legal de visitarlo. En dos ocasiones, solicitó visa, pero le fue negada. Fue entonces cuando comenzó a buscar alternativas en redes sociales.

Un anuncio la llevó hasta un número de WhatsApp, ahí comenzó el proceso que, días después, terminaría en una estafa.

Les prometieron trabajo y les pidieron dinero y documentos

Lo primero que María preguntó fue: ¿dónde estaban las oficinas? La reclutadora envió ubicación, fotografías y referencias, por lo que entre junio y julio María y Román acudieron a una primera cita con una mujer que se identificó como Alejandra Flores, quien les explicó el supuesto programa laboral.

El empleo consistía en cosechar fresas durante seis meses en Carolina del Norte. También se realizaría una verificación migratoria en el caso de Román, quien ya contaba con antecedentes ante las autoridades migratorias. A pesar de ello, les aseguraron que ambos habían sido seleccionados.

Para entrar al programa, tuvieron que pagar 11 mil 500 pesos. El dinero, les explicaron, cubriría gastos relacionados con el traslado, la visa y otros trámites.

La empresa también solicitó copias de sus actas de nacimiento, credenciales para votar y cartas de antecedentes no penales, además de fotografías para las visas y sus pasaportes originales.

Los documentos quedaron bajo resguardo de la empresa, ya que según los utilizarían para el proceso migratorio y se los devolverían en Monterrey, donde los esperaba otro grupo de “beneficiarios”.

Para llegar a Monterrey, les solicitaron otros 6 mil pesos, que cubrirían el traslado de Pachuca a esa ciudad, hotel y alimentos. En total, cada uno pagó 17 mil 500 pesos.

Les informaron que viajarían durante los primeros días de agosto.

El autobús nunca llegó

El día de la supuesta salida, María y Román llegaron alrededor de las seis de la tarde al punto acordado, a un costado de la Central de Autobuses de Pachuca.

En el sitio no había ningún autobús. Al lugar comenzaron a llegar otras personas con maletas, 18 personas en total. Todos esperaban el mismo transporte y tenían la misma promesa: llegar a Estados Unidos para comenzar un nuevo trabajo.

Cerca de las 8:30 de la noche nadie respondía las llamadas. Después recibieron un mensaje en el que les informaron que había problemas con el autobús y les pidieron trasladarse a la central camionera, donde descubrieron que eran más. El grupo llegó a 31 personas provenientes de Oaxaca, Tlaxcala, Chiapas, Hidalgo y otras entidades.

A las 10 de la mañana del día siguiente, volvieron a buscar el autobús, pero nunca llegó. Fue entonces cuando entendieron que habían sido víctimas de un fraude.

Decidieron acudir a la procuraduría para presentar una denuncia, y algunas de las víctimas solicitaron apoyo a la Secretaría del Trabajo, que trasladó a quienes venían de otros estados a un albergue del DIF.

En la procuraduría, se inició una investigación con 31 denuncias. Se estima que alrededor de 120 personas fueron defraudadas, pues otro grupo esperaba en Monterrey y, pese a que entregaron todos los datos de la empresa, no han recibido avances de la investigación.

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