El campus principal de Ciudad Universitaria de la UNAM tiene varias historias. Desde su fundación en 1952, se ha constituido como la opción más prestigiosa a la hora en que los estudiantes deciden estudiar una carrera por el nivel académico que tienen sus facultades.
En el 2007, el campus de C.U. fue seleccionado como Patrimonio de la Humanidad desde el año 2007 por la UNESCO; debido a ello, sus monumentos están protegidos para evitar perder ese galardón, pero eso no significa que haya tenido modificaciones en sus casi 80 años de existencia.
La inauguración del campus fue un logro atribuido al presidente Miguel Alemán Valdés, quien gobernó el país desde 1946 a 1952. El 18 de noviembre de 1952, muy cerca de la biblioteca central, se alzó una estatua del presidente Miguel Alemán. La obra estuvo a cargo del escultor duranguense Ignacio Asúnsolo. Muchos pensaron que el monumento fue hecho como una manera de autoelogio por parte del titular del ejecutivo, pero la estatua solo duró 14 años erguida, ya que en 1966 fue derribada para siempre.
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Desde el momento en que se dio a conocer, la estatua levantó polémica, ya que Alemán Valdés ni siquiera asistió a la inauguración; solo se contó con la presencia de diputados, senadores y funcionarios del gobierno. Bajo la estatua se develó una placa con la inscripción: “De los universitarios de México a Miguel Alemán”.
A partir de la década de los 60, la estatua comenzó a verse como algo negativo, por lo que en los siguientes años el monumento sufrió tres explosiones e incendios que tenían como objetivo derribar la estatua.
El primero de ellos fue en 1960, cuando estudiantes de economía y simpatizantes del líder sindical Otón Salazar y del movimiento ferrocarrilero intentaron prenderle fuego, pero fallaron. Unos días después, un grupo o el mismo grupo de antes la dinamitó; nunca se supo quiénes fueron los responsables, pero se les acusó de comunistas.
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En 1965, unos estudiantes de la misma facultad, usando petróleo, le prendieron fuego a su base. Pero en 1966 la estatua fue enrejada, pero eso no evitó que el 6 de junio la cabeza fuera dinamitada con TNT. En un inicio se intentó resguardar el monumento, pero dos días después una segunda explosión puso punto final a la estatua. En el proceso, 25 personas participaron en la demolición, principalmente por desacuerdo con las políticas del expresidente. A partir de ese momento, la estatua desapareció de C.U. para siempre.