Más Información
Tucson, Arizona.— Tres números telefónicos llevaba ella anotados en un papel —dentro de una bolsita de plástico que se amarró al brassier— por si algo le pasaba en su intento por cruzar ilegalmente la frontera hacia Estados Unidos, mientras que él quedó doblado boca arriba, con la carne expuesta a más de 40 grados al tratar de pasar de México a Arizona.
Ambos corrieron con suerte, porque sus cuerpos fueron rescatados para tratar de ser identificados en la Oficina del Médico Forense del condado de Pima.
Sus restos no se los llevó el viento, no quedaron momificados ni tampoco fueron consumidos como carroña en un ambiente supercaluroso. No quedaron en algún refrigerador ni fueron depositadas sus cenizas junto a otras 800 en el patio de este centro de identificación humana de migrantes, incluidos mexicanos.
Lee también
Los datos refieren que de 2000 a 2025 se registraron más recuperaciones de personas mexicanas que intentaron cruzar la frontera ilegalmente: 2014. También hay registro de 447 de Guatemala; 82 de Honduras; 75 de El Salvador; 23 de Ecuador; ocho de Perú; seis de Brasil y Colombia; cuatro de Costa Rica e India; tres de República Dominicana; dos de Venezuela y Nicaragua, y una de Chile.
Son padres, madres, hijos y hermanos. Buscaban una mejor condición de vida, o esa idea les vendieron los “polleros” y “coyotes”.
SOBRECUPO
Gregory Hess, médico encargado de esta oficina forense, refiere que las cifras de muertes aumentaron. En 1993 bajó por la disuasión con el inicio de la construcción del muro fronterizo y únicamente se registraron 20 o menos estancias de cuerpos en almacenamiento en frío. Entre 2000 y 2001 se registraron menos de 70 por año.
De 2002 a 2005 fueron de 147 a 200 cuerpos almacenados en refrigeradores de la morgue del condado de Pima. El almacenamiento excedió su capacidad y tuvieron que adecuarse otros contenedores externos para mantener los cuerpos. El 87% corresponde a hombres y 17% a mujeres. Las edades de quienes más se encuentran en esta zona de la frontera van de los 20 a 29 años, seguidas de 30 a 39.
Se han encontrado cuerpos y restos de menores de 13 años y de personas de 50 a 59. Muy pocas pertenecen a la tercera edad.
SE MODERNIZAN
Para Hess, el proceso de identificación de quienes fallecen en la frontera es complejo y todo un reto, por lo que se ha mejorado la capacidad tecnológica, a la par de que los ‘coyotes’ y ‘polleros’ han diversificado su negocio en redes sociales, convirtiéndose en reclutadores digitales de Snapchat, TikTok, Facebook y WhatsApp, principalmente.
Los migrantes también se exponen a no ser localizados por la Patrulla Fronteriza, por orden del cártel.
Les ordenan vestir calzado “de alfombra” para no dejar huellas en la tierra desértica, camuflarse, pintar de negro los galones de agua para que no reflejen luz o reciben instrucciones por un celular. Les dan uniformes, y eso dificulta su identificación, explica.
“La similitud de estas pertenencias dificulta la búsqueda de personas desaparecidas basándose en la ropa y el calzado”.
MEJOR LOS CREMAN
Antes, cuando nadie los reclamaba, se les enterraba en el cementerio municipal como persona no identificada, pero a partir de 2005 se cambió la ley para lograr cremaciones, por espacio y para gastar menos dinero.
“Todos los restos no identificados se encuentran en estas instalaciones, ya sea las cenizas (...) como restos óseos”, expone Hess.









