Con temperaturas de hasta 10 grados centígrados bajo cero y en las inmediaciones del volcán Iztaccíhuatl, personal militar que aspira a pertenecer al Grupo de Fuerzas Especiales de Los Murciélagos realizan cursos de adiestramiento para ser oficiales y sargentos de esta unidad de élite del Ejército mexicano.
Se capacitan en la Base de Operaciones en Climas y Terrenos Extremos. En la alta montaña, conocida como fase de patrullas y a una altitud que supera los 5 mil metros sobre el nivel del mar, los futuros boinas verdes se preparan en misiones específicas de reconocimiento, combate e incluso rescate en cualquier condición geográfica.
“La convocatoria en cada curso es para 95 cursantes; sin embargo, por las exigencias esta ocasión solo hay 84 aspirantes, 35 para oficiales y 49 sargentos”, explicó el capitán “Instinto”, coordinador de los cursos de Fuerzas Especiales que usa el mote para mantener su identidad en secrecía por su seguridad.
El personal madrugó y despertó a 8 grados bajo cero en un campamento improvisado. Unos vendaban sus tobillos o ataban sus botas, mientras hacían fila para desayunar carne de cerdo guisada en una salsa muy picante “para entrar en calor”.
Con las mejillas y las manos quemadas por el frío, bebieron café instantáneo con pan dulce, y se acercaron unos minutos a una fogata a calentar las palmas de sus manos. Mientras los sargentos alistaban un estandarte de cuya punta sobresalían los cuernos esqueléticos del cráneo de una cabra de donde se sostenía el banderín de las Fuerzas Especiales y una bandera de México que nunca dejó de ondear en el frío amanecer y las intensas rachas de viento a esas alturas.
El estandarte es “llevar en alto” a las Fuerzas Especiales con “la hermandad y también la moral”, según contó el capitán “Instinto”. Mientras militares comían, uno de ellos mantenía permanentemente en alto un banderín de la agrupación y el cráneo de una cabra. Según explicó el instructor, el asta debe permanecer siempre en alto porque simbolizaba la moral de la unidad mientras el banderín representa “la mística y el espíritu de cuerpo”.
Después comenzó la caminata para continuar la capacitación en operaciones en condiciones extremas de clima y terreno, en la que se incluyen actividades de patrulla, sanidad y supervivencia; y adiestramiento técnico, táctico y físico como escalada y rapel, entre otras.
En estas actividades diseñadas para fortalecer no sólo la parte física, sino también la mental, los efectivos militares llegan a caminar hasta 50 kilómetros llevando su carga de combate en sus espaldas con unos 25 kilogramos de peso hasta la cumbre de la majestuosa montaña cubierta de nieve.