La lucha por el entretenimiento no termina y mientras algunas empresas improvisan, cancelan conciertos o tratan al público como si comprar un boleto fuera un acto de fe, hay otras que insisten en profesionalizar la industria, generar empleos y competir en serio.

Billboard dio a conocer su ranking de promotoras más importantes del mundo y OCESA, encabezada por Alejandro Soberón, apareció en tercer lugar con una recaudación de 559.5 millones de dólares. Sólo quedó debajo de Live Nation, con 2.3 mil millones, y AEG Presents, con 996.2 millones.

El dato no es menor. Una empresa mexicana se colocó por encima de gigantes como MSG Entertainment, SJM Concerts y HYBE. Los conciertos de Bad Bunny fueron clave: sus ocho fechas en el Estadio GNP Seguros encabezaron el listado de Top Boxscores con 88 millones de dólares y la cifra de 518 mil asistentes.

¿Por qué OCESA destaca entre las promotoras del mundo?

Habrá quien hable de monopolio, pero conviene mirar a otros jugadores del mercado mexicano que han mostrado poca transparencia y abuso frente a quienes compran un boleto. Ahí está Music Vibe, que ha dejado claro que el respeto al público no parece ser su prioridad cuando cancela de un día para otro.

También está Zignia Live, que merece una lectura equilibrada. Su director general, Alejandro Arce, ha trabajado para fortalecer la operación y consolidar el negocio de los venues, que parecen ser su apuesta más que la promotoría tradicional. Ese esfuerzo debe reconocerse.

El problema es que ni el mejor capitán evita que el barco huela a drenaje si parte de la tripulación usa herramientas de trabajo como método de presión. En Zignia hay empleados que, por sus prácticas, sólo necesitan pasamontañas para completar el uniforme.

Las tres enfrentan cancelaciones y cambios de fecha, aunque cada una busca su propio modelo de comunicación.

El asunto es que ninguna parece medir del todo lo que hay detrás de un boleto: un cumpleaños, el premio por las buenas calificaciones de un niño, una salida familiar o el gusto que alguien se dio después de ahorrar. Para la empresa puede ser una fecha que se mueve; para el público, una ilusión rota.

Ahí Profeco tendría que jugar un papel más profundo y menos mediático. El consumidor necesita una defensa real frente a empresas que venden experiencias, pero a veces responden como si sólo hubieran vendido al fan una silla numerada.

Por eso, el liderazgo de OCESA merece reconocerse en un país donde quedar mal parece deporte nacional, cumplir —o al menos saber dar la cara con dignidad— también debería ser noticia.

El reto ya no es vender más boletos, sino entender que detrás de cada asiento ocupado hay una historia personal. Nos leemos la próxima, aquí, donde quizá hablemos de ti.

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