En 2005, mucho antes de que los partidos de leyendas se convirtieran en un producto recurrente, México fue escenario de un duelo que mezcló memoria, talento y espectáculo: “Amigos de Romário” contra “Amigos de Jorge Campos”. Más que un simple amistoso, fue una postal viva de los años noventa, con protagonistas que marcaron época y que volvieron a la cancha para conectar con una afición que no olvida.
El encuentro, disputado en Guadalajara, terminó con marcador de 4-3 a favor del equipo brasileño, pero el resultado fue apenas un pretexto dentro de una noche cargada de emociones.

Desde el inicio, el partido dejó claro que, pese al paso del tiempo, la calidad seguía intacta. Apenas al minuto 2, Claudio Suárez estuvo cerca de abrir el marcador con un remate de cabeza tras un tiro de esquina cobrado por Benjamín Galindo, que pasó apenas por encima del arco defendido por Cláudio Taffarel.
La recompensa llegó al minuto 21, cuando Luis Roberto Alves Zague firmó el 1-0 con un disparo cruzado que venció al guardameta brasileño. El equipo mexicano, dirigido esa noche por Miguel España, mostraba orden y contundencia.
Pero el espectáculo tenía nombre propio: Romário. El delantero brasileño cambió el rumbo del partido con dos anotaciones, al 37 y al 53. La primera, con un potente disparo cruzado; la segunda, una joya individual en la que dejó atrás a tres rivales antes de definir. Una demostración de que la clase no caduca.
Antes de eso, al minuto 31, el público vivió uno de los momentos más simbólicos de la noche: Jorge Campos dejó la portería para sumarse al ataque, cediendo su lugar a Oswaldo Sánchez, quien incluso portó la icónica sudadera multicolor del “Brody”.
Ya en la segunda mitad, el propio Campos se robó los reflectores. En lo que significó su despedida de la afición tapatía, marcó un doblete: primero al 54, aprovechando un balón dentro del área, y luego al 61 desde el punto penal tras una falta sobre Luis Miguel Salvador.
Sin embargo, Brasil respondió de inmediato. Dos minutos después, Romário completó su hat-trick desde los once pasos, reafirmándose como la figura del encuentro.
Cuando todo apuntaba al empate, apareció Mauricinho al minuto 81 para sellar el 4-3 definitivo, en un cierre que mantuvo el dramatismo hasta el final.
El partido fue dirigido por el árbitro mexicano Armando Archundia, quien tuvo una noche tranquila en medio de un ambiente festivo. Es importante mencionar que este partido tuvo como sede el Estadio Jalisco











