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Ecatepec. — Rebeca es una de las 10 mujeres bomberas de Ecatepec. Lleva 12 años de servicio en el municipio más poblado del país y es una de las más experimentadas.
Cada llamado la coloca frente a riesgos distintos. Su labor consiste en auxiliar a quien se encuentra en peligro, ya sea un incendio, un rescate o cualquier emergencia que amenace la vida de los vecinos.
Al inicio creyó que todos los incendios se resolvían de la misma forma. “Yo pensaba que los servicios de un incendio iban a ser totalmente iguales, pero realmente son todos diferentes”.
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Con el paso de los años, comprendió que cada caso exige una respuesta distinta y una decisión rápida. “Entonces ya tenemos esa tarea de saber qué hacer en un servicio”, explica la tragahumo.
TAMBIÉN ES MAMÁ. Hace poco, Rebeca se reintegró al trabajo después de dar a luz a su segundo hijo; el primero tiene 16 años. Además, dice que su esposo es adiestrador canino.
Reconoce que fue difícil separarse de su bebé para regresar a su ardua labor, pero sabe que también debe cumplir una misión con las personas que sufren accidentes y cuya vida está en riesgo. “Ojalá Dios me preste vida para seguir ayudando a la gente”.
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El regreso a la estación no fue sencillo. Debió retomar el ritmo de las guardias y el peso del equipo, mientras cuidaba a su familia. En la corporación, recibe entrenamiento constante y es respetada por su valentía por parte de sus compañeras, pero principalmente por los hombres que también se dedican a esta difícil profesión.
Lo más difícil, comenta, ocurre cuando el fuego avanza con demasiada rapidez. Hay casas donde la gente queda atrapada y no es posible llegar a tiempo. Esas personas mueren calcinadas.
Ese desenlace, la afecta de manera profunda. Los siguientes días deja de comer, su mente se queda fija en las víctimas y en la impotencia de no haber podido rescatarlas. Admite que el peso de esas pérdidas no desaparece con facilidad, pero aun así sigue.
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“Me quedó pensando en esa familia, en la gente, pero es parte de lo que tenemos que vivir y, desgraciadamente, así es el trabajo y tenemos que seguir día a día”.
Hoy, Rebeca se coloca el casco, se ajusta el traje junto a sus compañeras y vuelve a la labor que aprendió de su hermana.
Cada salida representa otra oportunidad de proteger a quien más lo necesita y debe cuidarse también ella porque hay gente que ama y que la espera en su casa después de cada jornada de 24 horas, la cual la deja exhausta.
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TRADICIÓN. Pertenece a una familia de bomberos. Su hermana fue la primera en dedicarse a esta labor.
La veía que llegaba todos los días y me decía que le había tocado dar servicio; entonces, eso me motivó a seguir sus pasos”, cuenta Rebeca.
Su hermana ya se retiró y su hermano también labora en la misma corporación, pero en otra base.








