Más Información
Por: ARANTXA MEAVE
Incendios, inundaciones, fugas de gas y el rescate de animales, son algunas de las emergencias que Juana Zarza Uribe ha atendido durante los 28 años en que ha formado parte del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México.
Con 62 años de vida, es la mujer con más tiempo de servicio en la corporación, además ha sido testigo de la transformación de una profesión en la que las mujeres pasaron de contestar teléfonos a combatir incidentes en campo.
En entrevista, Juana recuerda que cuando ingresó al cuerpo de bomberos, en 1985, las mujeres no podían salir a atender emergencias; el trabajo se limitaba a operar radios, recibir llamadas y elaborar reportes.
Lee también ¿Qué significa Tepito y cuál es la historia del símbolo de la estación de la Línea B del Metro CDMX?
Platica que la muerte de su padre la obligó a buscar trabajo para apoyar económicamente a su familia. Se enteró, por medio de un amigo, de la primera convocatoria dirigida a mujeres para integrarse a la corporación.
ADRENALINA
“Era la primera vez que estaríamos siendo mujeres bomberas; teníamos una idea muy específica de cómo sería, pero fue algo muy emocionante”, dice.
Tras tomar un curso de tres meses, fue asignada a la estación de Tacuba, donde permaneció cinco años como operadora de radio y teléfonos; recuerda que había cerca de 150 mujeres bomberas en toda la Ciudad de México.
A pesar de los estigmas, asegura que ella y sus compañeras abrieron camino para las generaciones que vinieron después.
“Esa primera generación de bomberas antes no se veía y desde el principio los compañeros nos trataron muy bien”.
Recuerda que su madre siempre insistía en que “eso era para los hombres, y yo le decía: ‘Pues no, si están solicitando mujeres, también es para mujeres’”.
Estuvo cinco años como bombera antes de salir para cuidar a su familia; luego, a finales de la década de los 90, regresó a la corporación por necesidad económica.
Esa segunda etapa también rompió estereotipos dentro de su hogar, pues mientras ella se desempeñaba como bombera, su esposo decidió quedarse al cuidado de sus hijos y hacerse cargo de las labores domésticas. “Hasta la fecha, llego a mi casa y mi esposo ya tiene lista mi comida. Si le preguntan si está lavando la ropa de su esposa, él muy contento dice: ‘Sí, porque somos un equipo’”.
Fue en ese regreso cuando comenzó a salir a campo, una labor que hasta entonces realizaban únicamente los hombres.
VENCIÓ EL MIEDO
Confiesa que al principio sintió miedo, pero pronto descubrió que era la parte del trabajo que más disfrutaba: “Es una cosa bien bonita ver la satisfacción de las personas; ellos piensan que cuando llega un bombero les va a salvar todo”. Para Juana, el mayor reto no son las llamas, sino presenciar el dolor de quienes lo pierden todo. “A veces vemos cómo la gente pierde toda su casa y es muy feo”, admite.
La profesión también le ha exigido sacrificios personales. Cuando su hija tenía dos años no pudo dedicarle todo el tiempo que hubiera querido debido a las jornadas de trabajo.
Hoy, dice, el cambio dentro del Heroico Cuerpo de Bomberos es evidente; hay operadoras, conductoras de camiones de emergencia y elementos que participan en todo tipo de servicios. “Todas podemos soñar con hacer lo que queramos; aún queda mucho camino por abrir, pero es lindo”.
A Juana aún le faltan siete años para jubilarse y espera aprovecharlos al máximo, haciendo el trabajo que por muchos años les fue negado a las mujeres.








