Un padrecito de Jiquilpan, en Michoacán, no aguantó el enojo por algunas de las escenas que se vieron en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París.

En una de las homilías del domingo pasado, el religioso aprovechó su turno al micrófono para reventar contra los organizadores de los juegos, los creativos detrás de las escenas que causaron la controversia, los actores que se prestaron a montarlas, quienes las disfrutaron y hasta Emmanuel Macron, presidente francés, a quien, a título personal, los mandó a “ch*ng*r a su madre”.

“Quiero mandar desde aquí un saludo muy cordial a todos aquellos que participaron, los que salieron en la escena y se prestaron para esta broma chusca, los que la aceptaron como consejo del Comité Olímpico, el presidente de la Republica de Francia que lo aceptó y todos aquellos que participaron y que lo aceptaron les quiero mandar un atento saludo desde aquí”, dice desde el púlpito un sacerdote tranquilo, con voz pausada y tenue.

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“Por mí, no por la comunidad, por mí, personalmente, pueden ir a chingar a su repútima bomba madre”, cerró ante su feligresía, para dejar rápidamente el micrófono y retirarse de escena entre aplausos.

La furia del sacerdote es una más de las molestias que generó el capítulo de la “Festividad” durante la ceremonia de apertura de la justa olímpica. Líderes políticos y sociales con fuertes vínculos al catolicismo y otras corrientes cristianas en todo el mundo han criticado la escena en la que un grupo de drags interpretan, a su entender, “La última cena” de Leonardo Da Vinci.

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(Foto: Especiales)

Sin embargo, los artistas detrás de esa ejecución representaron el “Banquete de los Dioses” de Jan Harmensz (1635), pintura que se encuentra en el Museo Magnin, en Dijon.

En el centro de la mesa se encuentra Apolo coronado, y Baco o Dionisio está tendido en primer plano.

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(Foto: Especiales)

La escena incluyó la aparición del popular cantante francés Philippe Katerine, casi desnudo, pintado de azul y adornado con guirnaldas de hojas y frutas, dando un tono festivo.

Pese a las críticas, el presidente Macron se dijo orgulloso de la ceremonia, y el Comité Olímpico Internacional elogió la ceremonia, que calificó como un “hito significativo” en la historia del olimpismo.

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