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PREGUNTA
Mi hermana se enamoró y prácticamente desapareció. No me llama, no me visita y pareciera que el novio se convirtió en su nueva familia. Entre que él tiene mucha lana, entre que la lleva con amigos nuevos y que está cansada de nuestras dinámicas familiares, se ha ido todos los partidos con su novio, y yo me siento bastante abandonada. ¿Está mal que me dé celos un hombre que ni siquiera me gusta?
RESPUESTA
No son celos del hombre. Es duelo por el lugar que ocupabas en la vida de tu hermana. Extrañamos a las personas, pero también a la versión de nosotros mismos que existía cuando tu hermana todavía estaba cerca. Hay abandonos que ocurren porque alguien construye una vida distinta. No presiones, no te enojes. Aprovecha ese tiempo que le dedicabas a ella para fortalecer hábitos que te den salud, bienestar y nuevos vínculos. No permitas que el resentimiento o el enojo se convierta en tu nueva compañía. No te comas viva, ya volverá.
PREGUNTA
Mi marido insiste en que, de haber tenido oportunidad, habría sido futbolista profesional. Jura que las circunstancias no se la dieron sus padres, ni el club al que pertenecía por razones políticas. Ahora es viejo, tiene panza, fuma, ronca y se cansa subiendo las escaleras. ¿Será el único hombre que cree que estuvo a un paso de jugar un Mundial?
RESPUESTA
Todos necesitamos contar una versión heroica de nuestra historia. Algunas personas fantasean con haber sido artistas; otras, con haber sido millonarias. Los hombres suelen imaginar que tuvieron un mal entrenador, y pudieron convertirse en leyendas consagradas del futbol. Déjalos soñar. Después de todo, la realidad ya se encarga de marcar suficientes goles en contra. Lo importante no es el jugador que pudo haber sido, sino la persona en la que decidió convertirse. Porque el partido que realmente importa sigue jugándose todos los días.
PREGUNTA
Tanta gente manifestándose en las calles. Unos por el agua, otros por la inseguridad, otros por los desaparecidos. Luego llego a casa y veo en la televisión a medio país disfrutando los partidos del Mundial, eufóricos tomando cerveza y festejando la vida como si nada pasara... ¿Somos un pueblo muy alegre o de plano muy distraído?
RESPUESTA
Los mexicanos tenemos la extraña habilidad de cargar una tristeza enorme y seguir haciendo fiesta. A veces, eso nos salva. A veces, nos adormece. La sabiduría está en no olvidar ninguna de las dos realidades. En mantener la cabeza firme, en querernos, exigirnos y cuidarnos. No hay nada malo en celebrar, siempre que no usemos la celebración para dejar de mirar aquello que nos duele.
PREGUNTA
Paso a diario más de tres horas atorada en el Periférico. Afuera llueve, el coche de adelante echa humo, mi mamá me manda mensajes preguntando dónde estoy y mi marido me escribe para decirme que quiere ver los juegos toda tarde, que no lo moleste con mis cosas y que se acabaron las cervezas. ¿Por qué siento que toda mi vida está detenida y el único que avanza es el árbitro?
RESPUESTA
La ciudad nos ha obligado a convivir con la impotencia, con la prisa y con la idea de que la vida debería estar ocurriendo en otro lugar. Quizá el problema no sea estar detenida en el tráfico, detenida esperando que la felicidad empiece cuando por fin el camino se despeje. No esperes. Cambia tú. Lo que tienes en la vida es tiempo y decisiones. Tus decisiones. Tu vida es tu proyecto, no lo aplaces por nada.
PREGUNTA
Veo a mi esposo embobado por el futbol y parece que está viviendo la experiencia más emocionante de su vida. Grita, suda, se enoja, abraza desconocidos y celebra goles con una felicidad que jamás he visto cuando le lavo los baños o pago la luz. Nunca me mira como mira la pantalla. ¿Será que los hombres tienen una especie de orgasmo emocional en sus más bajos instintos cuando ven un partido?
RESPUESTA
Tal vez no sea un orgasmo, pero sí una forma socialmente aceptada de llorar, emocionarse y pertenecer. Durante 90 minutos sienten que forman parte de algo más grande que ellos mismos. El problema empieza cuando la pasión por un partido sustituye la pasión por la propia vida. Cuando no quieren ser campeones en casa, sólo en las gradas, donde nada está en sus manos y no existe esfuerzo personal para llamarse campeón. Es cierto hay hombres que se saben la alineación completa de la selección, pero han olvidado la última vez que abrazaron a su esposa o fueron campeones en su propia casa.




