Josefa vivía y es dueña de una casa heredada por sus padres; para tener todo en orden, realizó todos los trámites legales ante un notario y obtuvo las escrituras. Un día tuvo que viajar por varias semanas y le pidió a una de sus tías y a su esposo que la cuidaran.
En esta temporada, la pareja permitió a Luisa, una sobrina de él, que habitara uno de los cuartos de la casa, pero no le avisaron a Josefa, quien regresó antes de su viaje y encontró a la mujer con sus hijas.
Asustada, preguntó quiénes eran; la mujer le explicó y le pidió unos días para que sus tíos le detallaran la situación. Molesta, Josefa se retiró y fue a buscar a sus familiares.
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Ellos, apenados, le dieron las razones por las que Luisa cuidó su hogar y, supuestamente, ya que se había arreglado el malentendido, Josefa regresó, pero al querer entrar, ya habían cambiado la chapa, así que de inmediato acudió al Ministerio Público a denunciar.
Al seguir la investigación, el asunto llegó ante un juez, quien vinculó a un proceso judicial a Luisa, pero el juzgador les explicó que podían acudir al Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México para alcanzar un acuerdo que diera una solución específica para Josefa.
Ambas partes llegaron a Niños Héroes 133, colonia Doctores, y fueron recibidas por un facilitador penal, quien promovió el diálogo para crear un acuerdo de reparación del daño. Fijaron una suma económica que cubriría los ajustes y afectaciones a la puerta de la casa; una suma extra que se entregaría en mensualidades para cubrir los daños del proceso, y así se presentó ante el juez. Una vez cumplidos los acuerdos, terminaron el proceso y cada una continuó con sus vidas, evitando un proceso judicial largo y reparando los daños.