Roberto y Ana se casaron hace 38 años, fueron una familia tradicional que se enriqueció al tener dos hijos, quienes ahora tienen 35 y 33 años.
Desde hace tres años, la pareja se separó, pero no se divorció; Roberto únicamente se fue de la casa y cada uno empezó con una nueva dinámica de vida. Los hijos conviven con ambos y, en una conversación casual, le comentaron a su padre que Ana ha tenido varios problemas de salud. Roberto intentó pensar cómo podría ayudar a la madre de sus hijos, pues, aunque estuvieran separados, siempre estarían unidos por su historia. Pensó que formalizar el divorcio permitiría repartir bienes y que Ana tuviera suficientes recursos para atender su salud, pero también consideró que incluir abogados podría entorpecer todo el proceso.
Buscó opciones y encontró información del Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México; leyó que era un servicio gratuito y que se ubicaba en la Ciudad Judicial, cerca de la estación del Metro Niños Héroes/Poder Judicial, en el 133 de la avenida Niños Héroes.
Mediación para alcanzar acuerdos familiares
Ya en el Centro, le explicaron que le enviarían una invitación a Ana, ya que ella debía estar de acuerdo con empezar el proceso. Con la aceptación de ambos, después de tres sesiones, platicaron con el apoyo de un mediador sobre aspectos de la separación y su comunicación. Asimismo, hicieron un convenio por escrito con valor de cosa juzgada en el que se fijó una pensión alimenticia para Ana y la garantía de evitar el divorcio para que ella pueda acceder siempre a su seguro médico.
En las sesiones, aprovecharon para aclarar las dudas respecto a la separación y aspectos importantes de sus hijos y nietos, pues les gustaría volver a convivir como familia, aunque ellos ya no sean una pareja.


