Cuentan que, en el Mundial de 1986, la clase media y hasta la media baja pudieron disfrutar de los partidos, ver en el Estadio Azteca 'La mano de Dios' y el 'Barrilete cósmico' de Maradona, y ser parte de esa fiesta pambolera en un tono meramente familiar.
Cuatro décadas más tarde, poder asistir a algún partido de la próxima justa mundialista —de la cual México será una de las sedes— es prácticamente imposible para el mexicano promedio. Su poder adquisitivo no da para gastar más de 50,000 pesos por un acceso, ni de cerca. Es así como esta experiencia queda relegada para la clase alta, empresarios en intercambios de relaciones públicas, e influencers y famosos que, justo a raíz de esa vivencia, seguirán monetizando.
La gentrificación del futbol y el fenómeno del "FOMO"
Algo parecido se está viviendo en la final del futbol mexicano con los precios inflados, donde la famosa reventa —visiblemente amañada desde las entrañas del negocio— está dejando fuera a la verdadera afición que apoya a sus equipos con regularidad en el estadio, esa que ha soportado lluvias y partidos malos, y que ahora lo tendrá que ver desde casa.
Mucho se ha hablado de que los espectáculos, ya sean deportivos o artísticos, hoy venden mucho más allá de un partido o un concierto: venden toda una experiencia en la que la gente tiene que estar sí o sí. Aunque ni les guste el futbol, aunque no les interese equis o ye agrupación; lo que se está vendiendo en realidad es la exhibición.
Ya hemos documentado el alza en los costos de los conciertos y cómo la industria genera "FOMO" (Fear Of Missing Out), ese temor a perderse de algo; una necesidad en las personas, que ni sabían que tenían, de estar en el espectáculo en turno. Se vuelve más importante el hecho de estar en el evento, subir una imagen desde el estadio y pasar lista virtual, que el espectáculo mismo.
La ley de la oferta y la demanda
Si el público sigue cediendo ante los precios del mercado, las cosas no cambiarán en los siguientes años. Para muestra, las cifras actuales:
- Un boleto para el clásico Pumas vs. Cruz Azul alcanza los 7,000 pesos.
- Un acceso a la zona Comfort Club de un festival ronda los 15,000 pesos.
- Un boleto para ver a BTS llega a costar hasta 25,000 pesos.
Hice en la semana el ejercicio de enlistar las bandas y solistas que he visto en vivo en casi 30 años de acudir a eventos. Llevo más de 500 talentos nacionales e internacionales, sin contar los que mi memoria de teflón ya olvidó. En mi caso, el FOMO por los conciertos ya no aplica tanto, porque artista que venga a México es probable que ya lo haya visto. Hoy, lo mismo disfruto a Megadeth en la Arena CDMX que quedarme en casa a ver la Trilogía de la venganza de Park Chan-wook.
Sin embargo, no canto victoria. Mi hija adolescente es la que ahora quiere que la lleve a los conciertos y, pues ni modo, vamos por otras 500 bandas más a precios de horror.





