Por la noche o la madrugada escuchas gritos, un golpe seco, llanto de niñas o niños en la casa de los vecinos. No hace falta ver para entender.

En ese momento surge la disyuntiva: ¿hacerse el que no oye para no meterse en problemas, o marcar tres dígitos que pueden ayudar a una víctima?

No se trata de un “asunto de pareja” ni discusión doméstica. Es la expresión de una en el espacio más vulnerable de todos: el hogar. La Jefa de Gobierno de la CMDX, Clara Brugada, lo ha dicho con precisión: “la violencia debe ser nombrada, denunciada y sancionada, ocurra donde ocurra y venga de donde venga”.

Por eso, el 9-1-1 —que hoy cumple nueve años de operación— no es solo una línea de emergencias, es una herramienta de responsabilidad colectiva. El año pasado, a través de este número, desde el C5 atendimos 70 mil 354 reportes de violencia contra la mujer. En lo que va de 2026, ya se acumulan 1,095 casos.

Detrás de esos tres números existe una red de atención que se activa de inmediato: envío de unidades policiales, atención prehospitalaria e implementación de mecanismos de protección para mujeres, niñas y niños.

Las llamadas se canalizan, además, a la línea *765 SOS Mujeres, especializada en atención integral, acompañamiento psicológico, orientación jurídica y vinculación con redes institucionales de apoyo.

¡Ponte al tiro! Ante una emergencia vecinal, marcar 9-1-1 no es meterse en problemas: es un acto de cuidado y de responsabilidad con la vida de otras personas.

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