Adrián nos cuenta cómo hizo una buena obra y además se ganó un buen dinero.
“Circulaba por el Hospital General y una pareja de jóvenes me hizo la parada y me pidieron que los llevara hasta la colonia Alfonso XII.
“Iban llorando y, por su plática, me enteré de que su madre, que era divorciada, acababa de fallecer, y se dirigían a la casa de su padre para darle la noticia.
“Total, llegamos al sitio y me pidieron que si los podía esperar; al principio creí que era una treta para no pagarme, pero salieron a los cinco minutos; con ellos venía un señor bien vestido, que me pidió regresarlos al hospital.
“Así lo hicimos, pero hubo una escala en un cajero. El padre de los chavos se bajó, seguimos el trayecto, llegamos al lugar y los chavos se bajaron. El señor me pidió llevarlo a la funeraria de un amigo.
“Lo llevé, lo esperé casi una hora y luego lo llevé al hospital. Así, al llegar al sitio, el hombre se llevó la mano a la bolsa y me dio 3 mil pesos, lo cual se me hizo mucho, y se lo dije, pero me respondió que era por la comprensión y el buen servicio brindado, porque dentro de su pena me porté solidario y eso le gustó mucho, y yo lo acepté.
“Además, yo había tenido un mal día y le pregunté si necesitaba otra cosa, pero me dijo que no. Por eso, uno debe ser siempre atento con el pasaje”, concluye.
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