¿Nunca han sentido el nervio y la tensión de perder una cita o llegar tarde a un compromiso muy importante, de esos a los que no debes fallar? Bueno pues esa serie de sentimientos le fueron contagiados por un pasajero a nuestro amigo Filiberto.
“Me hizo la parada en la calle 5 de Febrero, en el Centro de la ciudad. Él trajeado, pero sudoroso. ‘Un favor, llevo muchísima prisa, voy a una boda, soy el padrino de anillos, la misa es a las seis y son cinco y 20 de la tarde’, me dijo muy desesperado.
“Lo primero que hice fue ofrecerle una toallita húmeda, de esas que ocupo para limpiarme las manos cuando le meto mano al coche, y él la aceptó gustoso.
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“Era ir al centro de Coyoacán, así que le metí pata. Durante el camino, me contó que se casaba su hermana y que había ido apenas este día porque no completaba para comprarlas. Que su esposa estaba ya en la iglesia y que a cada rato le estaba llamando.
“Le pedí que confiará en mí, que llegaríamos a tiempo ‘yo confío en usted, de verdad, no puedo llegar tarde, es mi hermana, mi esposa y mis padres, que no me lo perdonarían’.
“Por ratos, le aceleraba y, a veces, iba lento y, la verdad, podía respirar sus nervios ‘¿Puede ir más rápido?’ Le expliqué que donde están las cámaras no, por las infracciones. Total, que llegamos cinco minutos después de haber iniciado la misa, el pasajero se puso muy contento y no sólo me pagó la dejada, sino que me dio una buena propina”.
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