Cuando un sube a un pasajero no sabe con quién trata, por eso, siempre aplican su lado psicológico con sus pláticas.

Eso fue lo que hizo nuestro amigo Juan Guillermo, cuando se detuvo para brindarle el por el rumbo de Santa Úrsula.

“Eran como las siete de la noche, al llegar por la parte de atrás del estadio Azteca, dos chavos me hicieron la parada. que los llevara hasta Taxqueña.

Lee también:

En el camino iba pensando ‘a ver a qué hora me sacan la pistola y me asaltan, pero los chavos iban tranquilos, aunque no podía verles la cara.

“Así que les hice la plática ‘¿van a trabajar o al cine?’ Uno de ellos, me dijo ‘sólo salimos a dar la vuelta, a ver que nos encontramos’ y fue cuando pensé que ya me había cargo la fregada.

“De pronto, el otro chavo se bajó la capucha y me dijo ‘como le va señor, ¿no se acuerda de mí? Yo iba con su hijo en la secundaria. Nervioso, le dije que me daba mucho gusto verlo, luego de siete años. ‘No cambiaste mucho, y ¿a qué te dedicas?’ ‘No acabé la prepa, ando de trabajo en trabajo, respondió.“

El otro chavo sólo miraba y se notaba muy nervioso, y yo seguí platicando con mi ‘conocido’, hasta que llegamos a su destino.“

Cuando se bajaron, que les miento su madre y la gente se me quedó viendo feo”. Me preguntaron cuánto era y les dije ‘nada, eres amigo de mi hijo, ¿cómo crees?

Al bajarse, su acompañante me dijo con una voz amenazante: ‘Te salvaste, viejón, sólo porque conoces a mi compa, suerte’, mientras que el amigo de mi hijo sólo comentó ‘perdón, no sabía que era usted’”.Así que la suerte, el destino y la charla me salvaron de un asalto.

Google News