Hoy la CDMX vive una nueva discusión pública. El gobierno capitalino ha impulsado una imagen urbana marcada por el color morado y la llamada “ajolotización” de espacios públicos promovida por la jefa de Gobierno con el argumento de dar identidad y embellecer la capital.
Y aunque muchos ciudadanos no compartimos esta nueva imagen urbana, el debate sobre los colores pasa a segundo término cuando observamos que siguen pendientes las verdaderas soluciones que el Centro Histórico (CH) necesita desde hace años.
El problema no es que la ciudad se pinte de morado. El verdadero problema sería que las autoridades continúen “DE-MORANDO” las decisiones de fondo para rescatar y dignificar el corazón económico, cultural e histórico de México.
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Mientras se discuten colores, el CH sigue enfrentando graves problemas: crecimiento desordenado del comercio en vía pública, cierres constantes de calles, invasión de banquetas, pérdida de movilidad peatonal, inseguridad y afectaciones al comercio formal, que por décadas ha sostenido miles de empleos.
El propio gobierno ha reconocido la necesidad de reordenar el ambulantaje y liberar calles del primer cuadro del CH, pero estos esfuerzos deben mantenerse de forma permanente y no en acciones temporales sujetas a presiones políticas.
El CH necesita orden, legalidad y autoridad. Necesita banquetas libres para todos. Necesita condiciones para que regresen consumidores, inversiones y familias enteras.
Reconocemos también las acciones positivas para mejorar iluminación y recuperar espacios emblemáticos. Pero la recuperación verdadera no se logra solo con pintura o iluminación; se alcanza garantizando orden urbano, movilidad, seguridad y respeto al patrimonio histórico y comercial.




