La cancelación de Carín León en Sphere, Las Vegas, terminó siendo mucho más que un problema de aviones. Su explicación dejó claro que pensaba viajar desde Hermosillo apenas unas horas antes de uno de los compromisos más importantes de su carrera. Desde ahí, todo empezó a oler a falta de planeación.
Durante días, todas las críticas se fueron contra Carín, pero hay otra parte de la historia de la que poco se ha hablado. Su mánager, Jorge Juárez, y el equipo de relaciones públicas también tienen mucho que explicar.
Algunos integrantes del equipo de Carín justificaban lo ocurrido y pedían comprensión por la informalidad del cantante, cuando del otro lado había seguidores que habían gastado un dineral en vuelos, hoteles, comidas, transportación y boletos para verlo. Para ellos no bastaba con cambiar la fecha de la entrada o un reembolso. El viaje ya estaba hecho y el dinero, gastado y en la indefensión, pues es casi imposible ganar una demanda.
Mientras una parte del equipo trataba de explicar lo inexplicable, otra siguió con un plan: llevar a influencers a Las Vegas, hospedarlos en Fontainebleau y generar contenido alrededor de Carín.
No tiene nada de malo invitar a influencers ni pagar una campaña. Lo que sí debe quedar claro es que, cuando existe una relación de por medio, si alguien recibe dinero o beneficios como viajes y hospedaje a cambio de generar contenido, esa relación debe transparentarse.
Mucho menos se entiende mantener esa estrategia en plena crisis, como si publicaciones, historias y sonrisas pudieran aminorar el enojo de quienes acababan de perder tiempo y dinero.
La comunicación en una crisis exige cosas muy básicas: hablar con claridad, actuar con transparencia y atender primero a las personas afectadas. Y aunque de manera inmediata se informó del cambio de fecha para ver al artista un año después, eso no es enfrentar el problema. Es salir del propio y olvidarse del público.
Aquí, intentar distraer al público con publicaciones y confiar en que las redes sociales harán desaparecer el enojo es verle otra vez la cara.
También está el papel de Jorge Juárez. Un mánager no es niñero del artista, pero sí debe prever riesgos, ordenar la operación y cuidar una marca que mueve millones. No basta con “cacarear” los éxitos. El trabajo se nota cuando las cosas se complican.
Durante los últimos meses, hemos escuchado mucho sobre los éxitos, la estrategia y el crecimiento alrededor de León. Todo eso obliga. Mientras más grande es el artista, más profesional debería ser la estructura que lo acompaña.
Al final, cuando la estrategia quedó rebasada, quien tuvo que salir a dar la cara fue el propio Carín. Recibió el golpe, ofreció explicaciones y cargó con una crisis que también exhibió a quienes lo rodean, incluyendo a su pareja y unos niños que no tenían nada que ver.
Y esa quizá sea la peor señal. Tener una enorme estructura detrás y terminar solo frente al público demuestra que algo falló mucho antes de que Carín tomara el micrófono y saliera a hacer lo que sabe hacer, y muy bien. Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.


