Hace algún tiempo, en este espacio cuestioné la apuesta de Grupo Firme por pasar a la historia. Entonces, dije que sólo lo conseguiría mediante la profesionalización. Este fin de semana, después de ver su presentación en el Estadio GNP, es justo reconocer que la agrupación comenzó a recorrer ese camino.
Por primera vez, Eduin Caz entendió que lo más valioso de un artista es el escenario. Y aunque en esa fiesta que invita a tomar hubo tragos, se fueron borrando los excesos de otras épocas. Ni él, ni Jhonny se comportaron como aquellos “borrachines” que terminaron por convertirse en parte del espectáculo. Esta vez hubo control, entrega y respeto por el público, y una evidente preparación, incluso en su voz y trazos escénicos.
También fue acertada la manera en que defendieron la música mexicana; portaron el traje de charro con dignidad, cantaron con respeto y asumieron nuestras tradiciones no como un disfraz, sino como parte esencial de su identidad.
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El concierto fue una producción ambiciosa junto a más de diez empresas de drones, 150 personas involucradas y 80 artistas sobre el escenario, todo bajo la visión de Isael Gutiérrez, quien encontró una fórmula capaz de combinar fiesta, orgullo, equidad, patriotismo, disciplina y espectáculo.
Hoy reconozco que están listos para conquistar nuevos mercados. Tienen repertorio, público y una puesta en escena competitiva. Incluso, Viña del Mar dejó de parecer una meta lejana. La nueva era de Grupo Firme comenzó este viernes y hay que reconocerlo.
En otros temas, el medio tiempo de la final del Mundial generó toda clase de comentarios, pero es imposible negar que fue una propuesta comercial, global y bien ejecutada. La música consiguió reunir distintas culturas alrededor del futbol y, a diferencia de lo ocurrido en la inauguración, el resultado fue sencillamente sublime.
Las audiencias de esta Copa confirmaron el interés y revivieron nuestro sentimiento patriota, y abrió una oportunidad para acercar el futbol a nuevos públicos.
El reto será aprovechar esa atención para que las audiencias también empaticen con otros fenómenos deportivos, entre ellos el Mundial femenil, que exige una cobertura amplia y atractiva para que más personas comprendan su dimensión, conozcan a sus protagonistas y se involucren con la misma emoción que hoy despiertan las grandes competencias masculinas.
Pero como el espectáculo sigue, esta semana César Costa presentará ‘Lo mío fue un sueño’, una biografía necesaria. En una época en la que hacen falta libros sobre nuestras grandes estrellas, esta obra permite conocer al artista de 85 años desde la serenidad de quien contempla satisfecho el camino recorrido con más éxitos que resbalones. Vale la pena honrar a César y reconocer lo que construyó. Nos leemos la próxima semana, aquí donde quizá hablemos de ti.



