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Hoy, si caminas por el Eje Central, quizá te cueste imaginar que en ese lugar alguna vez estuvo uno de los cines más impresionantes de la Ciudad de México.
El Cine Teresa fue durante décadas un sitio emblemático de la capital. Nació como un enorme palacio dedicado al cine, sobrevivió a terremotos, crisis económicas y cambios de época, y terminó teniendo una historia tan curiosa como inesperada.
Pero, ¿qué pasó con aquel cine que alguna vez fue conocido como un lugar de lujo?
¿Cómo comenzó la historia del Cine Teresa?
La historia comenzó en 1924, cuando el Cine Teresa abrió sus puertas por primera vez. En aquella época era un recinto gigantesco, con capacidad para alrededor de 6 mil personas.
Como todavía era la época del cine mudo, las películas no se proyectaban con sonido. En su lugar, músicos, generalmente pianistas, acompañaban las funciones en vivo.
Sin embargo, aquella primera etapa duró apenas una década. En 1934, el edificio fue demolido debido a las obras de ampliación de la entonces avenida San Juan de Letrán, hoy conocida como Eje Central Lázaro Cárdenas.
Y ahí parecía terminar la historia del Cine Teresa, pero no fue así.
El primer gran cambio del Cine Teresa
Diez años después, el Cine Teresa resurgió en el mismo sitio y conservó su nombre.
La nueva construcción fue diseñada por el arquitecto Francisco J. Serrano y presumía una fachada de estilo Art Decó tardío, muy acorde con la arquitectura que marcó buena parte de la Ciudad de México durante aquella época.
Y si por fuera llamaba la atención, por dentro era todavía más espectacular.
El inmueble tenía muros con acabados que imitaban madera y bronce, un pasamanos de cristal, una escultura de Venus, un mural dedicado a la figura femenina y elegantes plafones.
Además, la nueva sala podía recibir a unos 3 mil espectadores.
No por nada el cine presumía un curioso eslogan: “Un cine dedicado a las damas metropolitanas.”
¿Qué le pasó al Cine Teresa en el terremoto de 1985?
Uno de los momentos más difíciles para la Ciudad de México llegó en 1985, cuando un devastador terremoto sacudió la capital.
El Cine Teresa, sin embargo, logró salir prácticamente ileso y continuó funcionando.
El verdadero golpe llegaría algunos años después.
En 1992, una crisis económica llevó a sus propietarios a ceder el control del inmueble. Además, el cine perdió la concesión para proyectar películas comerciales.
Y fue entonces cuando su historia dio un giro radical.
Del cine de lujo al cine para adultos
Ante la pérdida de su actividad tradicional, un empresario donó al recinto una extensa colección de películas eróticas.
Así comenzó una de las etapas más recordadas y polémicas del Cine Teresa.
El lugar pasó a especializarse en películas para adultos y poco a poco adquirió una fama distinta a la que había tenido décadas atrás.
Para muchos capitalinos, el Cine Teresa se convirtió en uno de esos lugares misteriosos y algo “oscuros” del Centro Histórico.
La ironía es que este cambio también ayudó a mantenerlo abierto.
Mientras otros cines desaparecían, el Teresa seguía funcionando, aunque el esplendor de sus mejores años ya había quedado atrás.
En 2010 intentaron rescatarlo
Hubo un último intento por devolverle algo de su antiguo espíritu.
En 2010, el Cine Teresa fue utilizado como una de las sedes alternas de la Cineteca Nacional. Se habilitaron dos salas en el tercer piso con la intención de recuperar al público cinéfilo.
Pero el proyecto no terminó de funcionar.
Las salas estaban demasiado escondidas, en una zona poco accesible del inmueble, y comenzaron las quejas relacionadas con la ubicación y el servicio. A eso se sumó que los hábitos del público estaban cambiando rápidamente. El proyecto de rescate no prosperó.
¿Qué pasó con el Cine Teresa?
Aunque el inmueble fue reconocido como patrimonio cultural arquitectónico y sobrevivió a crisis económicas, cambios de propietarios e incluso intentos de compra, finalmente llegó una nueva transformación.
El antiguo Cine Teresa dio paso a Plaza Teresa, también conocida como Centrocel.
Actualmente, el espacio está dedicado principalmente a la venta de accesorios y productos relacionados con computadoras y celulares.
Y así, uno de los antiguos palacios cinematográficos de la CDMX terminó convertido en un lugar muy diferente al que alguna vez fue.

Del lujo a una historia que pocos recuerdan
Quizá lo más curioso del Cine Teresa no sea solamente su desaparición como sala de cine, sino todo lo que ocurrió entre su inauguración y su transformación.
Fue un enorme cine de 6 mil espectadores, desapareció por las obras de la ciudad, regresó con una espectacular arquitectura Art Decó, sobrevivió al terremoto de 1985, cambió radicalmente de giro en los años 90 y todavía tuvo un último intento por recuperar su vocación cinematográfica.
Hoy, buena parte de quienes pasan por el Eje Central probablemente no imaginan todo lo que ocurrió detrás de esas paredes.
El Cine Teresa es, en ese sentido, otra de esas historias de la Ciudad de México que muestran cómo cambia la ciudad mientras sus edificios intentan sobrevivir al paso del tiempo.








