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Tere cuenta en el podcast de Saskia Niño de Rivera una historia marcada por la adaptación, la pérdida, la resistencia y una profunda reflexión sobre el paso del tiempo.
Desde el inicio de la conversación, describe con detalle su vida cotidiana dentro del centro penitenciario: los horarios estrictos, las rutinas repetitivas, las reglas, la convivencia compleja entre mujeres y la manera en que ha aprendido a encontrar pequeños espacios de calma en medio de un entorno duro.
Habla de tejer como una especie de terapia y de cómo los hábitos más simples, como tomar café o recibir el desayuno, adquieren otro valor cuando la libertad desaparece.
Uno de los ejes más fuertes de su relato es la manera en que entiende hoy a las personas que viven en prisión.
Tere no romantiza el encierro ni lo presenta como un espacio de redención automática.
Por el contrario, lo describe como un lugar donde conviven carencias emocionales, rivalidades, heridas acumuladas y distintas formas de sobrevivir. Aun así, también reconoce que el tiempo le ha permitido cambiar su forma de pensar.
Dice que, después de casi diez años privada de la libertad, apenas recientemente siente que ha comenzado un proceso real de reinserción.
Esa transformación, explica, no llegó de golpe, sino a partir de la madurez, la reflexión y el cansancio de vivir desde la dureza.
FUE FELIZ
Al hablar de su infancia, aparece una versión muy distinta de sí misma: una niña feliz, trabajadora y profundamente unida a su padre.
Lo recuerda como la figura que le enseñó el valor del esfuerzo y la satisfacción de ganarse algo por cuenta propia.
Evoca con claridad momentos sencillos, como acompañarlo a trabajar o vender objetos desde muy pequeña.
La muerte de su padre marcó un antes y un después en su vida. A partir de ahí, todo cambió: la dinámica familiar, la casa, la presencia de su madre y, más adelante, la mudanza a Estados Unidos.
Ese traslado significó para ella el inicio de una nueva etapa, atravesada por el desarraigo, la necesidad de adaptarse y el peso de procesos que, en ese momento, no alcanzaba a comprender del todo.
Aun así, rescata algo que su madre le repetía con insistencia: estudiar, aprender, entender el mundo. Para Tere, el conocimiento sigue siendo una forma de poder.
Lo dice con convicción: nadie puede quitarte lo que sabes.
Esa idea atraviesa toda su historia y aparece como una de las pocas certezas que logró conservar hasta ahora.
También habla de la maternidad temprana como una experiencia que la confrontó con responsabilidades para las que no estaba preparada.
IMPULSOS
Recuerda esos años como una mezcla de confusión, esfuerzo y decisiones impulsivas.
Sin justificarse, reconoce que hubo momentos en los que no dimensionó las consecuencias de sus actos y que durante mucho tiempo vivió reaccionando, más que eligiendo con claridad.
Lo más potente de su testimonio no está en los hechos externos, sino en la mirada con la que hoy los revisa.
Tere habla desde una conciencia más madura, más sensible y menos desafiante.
Su relato muestra a una mujer que no intenta adornar su pasado, pero que sí busca entenderlo. En esa búsqueda aparece algo valioso: la posibilidad de nombrar lo vivido sin triunfalismo, con honestidad y con una lucidez que no borra el dolor, pero sí permite mirarlo de frente.
En estos 10 años he aprendido bastante. He cambiado mi forma de ser, mi forma de pensar y mi forma de sentir. Aquí en prision aprendes a valorar las cosas. Se valora todo”.











