Las compañías disqueras le indicaban el camino a seguir, pero decidió escuchar otra cosa. A mediados de los años 80, él había comenzado su carrera entre baladas pop, rock y telenovelas. Poco después, eligió el vallenato, una música que la industria consideraba ajena al perfil de una figura joven que aspiraba al mercado internacional.

“Fui muy rebelde en decir: ‘yo voy a hacer mi rock, yo no voy a hacer una copia del rock inglés, del pop italiano. Vamos a inventarnos el nuestro, porque no había nada que perder’”, recuerda en entrevista.

La decisión llegó en una época en la que Colombia enfrentaba, fuera de sus fronteras, una imagen ligada al narcotráfico y la violencia.

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Vives encontró en las canciones de su tierra una manera de contar otro país apoyado en historias, ritmos y personajes de la memoria popular.

“Escogí el camino de ser colombiano en tiempos que eran difíciles para la gente joven. Había un estigma muy fuerte. Cuando tú has vivido tu país sabes que tenemos problemáticas que hemos padecido todos, pero también sabes que la mayoría de la gente es maravillosa y buena. Vale la pena ser rebelde”, agregó.

A 40 años de su debut, Vives mira aquella apuesta como el origen de una carrera que llevó el vallenato a públicos que antes parecían lejanos. También la relaciona con una idea que mantiene hasta hoy: la música puede representar a un pueblo y defender su cultura sin ponerse al servicio de un partido, una ideología o un político.

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