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Con el regreso a clases también regresan algunos viejos temores de las familias, y entre ellos están los piojos. Basta con que aparezca un caso en el salón para que comiencen las revisiones, los rumores y hasta el señalamiento hacia el menor que los tiene.
Pero alrededor de estos pequeños parásitos también circulan varios mitos que, lejos de ayudar a prevenirlos, pueden generar pánico, estigmatización y hasta bullying.
Uno de los más conocidos es que los piojos saltan de una cabeza a otra, pero esto es falso.
“Los piojos no brincan, caminan y solo se contagian por contacto con la persona portadora”, explicó el doctor Igor López Carrera, dermatólogo pediatra.
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El especialista señaló que la pediculosis es una infestación muy frecuente entre los menores y que el contagio ocurre principalmente cuando existe contacto directo entre personas. También puede darse mediante objetos que tienen contacto con el cabello, como gorras, peines, diademas e incluso audífonos que suelen compartirse entre niños y adolescentes.
Por ello, el regreso a clases puede convertirse en un momento propicio para que aparezcan nuevos casos.
“Los niños regresan a la escuela después de mucho tiempo de no verse y lo primero que hacen es darse un abrazo y entrar en contacto y, al venir de un periodo largo de vacaciones, pueden pasárselos”, explicó el dermatólogo.
¿Los piojos aparecen por falta de higiene?
Otro de los mitos más extendidos es relacionar la presencia de piojos con la falta de higiene. Sin embargo, tener pediculosis no significa que un menor sea sucio o descuidado.
“No se dan por falta de higiene, se transmiten de persona a persona y no es por no bañarse, ni nada de eso”, aclaró López Carrera.
En México, la pediculosis puede afectar entre 18 y 33 por ciento de los infantes en edad escolar en determinadas regiones, de acuerdo con fuentes institucionales. Es decir, en algunos lugares, entre dos y tres de cada 10 menores pueden presentar una infestación durante su etapa escolar.
Por eso, más que entrar en pánico ante un caso, los especialistas llaman a mantener medidas de prevención y evitar que el menor sea señalado.
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¿Y si le pica mucho la cabeza?
La comezón es uno de los síntomas más conocidos de la pediculosis, pero tampoco significa automáticamente que haya piojos.
“Los síntomas más típicos de la pediculosis son la comezón, pero hay otras cosas que te pueden dar comezón en la cabeza; no solo son los piojos”, explicó el médico.
Entre las posibilidades mencionó padecimientos como la tiña, lesiones inflamatorias y otras infestaciones, por lo que recomendó no asumir el diagnóstico únicamente por la presencia de comezón.
Y si efectivamente se detectan piojos, existen tratamientos específicos. El especialista explicó que principalmente se utilizan tratamientos tópicos y que los medicamentos tomados se reservan para determinados casos. También existen productos repelentes que pueden utilizarse como medida preventiva.
¿Hay un caso? TOCA REVISAR A TODA LA FAMILIA
Cuando aparece un caso dentro de casa, la prevención no debe quedarse únicamente en la persona que fue infestada. El resto de la familia también debe revisarse y mantenerse atento durante los días posteriores.
“Siete días después se debe volver a revisar a todos, porque si se quedó una liendre en la cabeza, es lo que tarda en eclosionar”, señaló López Carrera.
La recomendación es revisar especialmente detrás de las orejas y en la zona de la nuca, donde suelen encontrarse con mayor frecuencia.
Y si el brote aparece en una escuela, el especialista pidió informar a la institución para que pueda tomar las medidas correspondientes.
Pero hay algo igual de importante: sin señalar ni exhibir al menor.
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LOS PIOJOS TAMBIÉN PUEDEN DEJAR HUELLAS EN LA CABEZA… Y EN LA AUTOESTIMA
La pediculosis no siempre termina cuando desaparece el último piojo. Para algunos niños, el verdadero problema puede comenzar con las burlas de sus compañeros.
El estigma alrededor de estos parásitos puede provocar aislamiento social, estrés y afectaciones emocionales, particularmente cuando la escuela no cuenta con protocolos claros para atender un brote.
Regina Asencio, licenciada en pedagogía, exdirectora de varias escuelas y neuropsicóloga, señaló que ha observado de cerca el impacto que estas situaciones pueden tener en los menores y sus familias.
“Como directora de escuela, he visto el impacto emocional que la pediculosis genera en los niños y en sus familias. No se trata solo de un problema de salud; también afecta la autoestima y puede derivar en situaciones de bullying. Hablar de prevención es hablar de bienestar emocional”, señaló.
Por ello, consideró necesario que las escuelas cuenten con protocolos adecuados y que el personal docente conozca las medidas de prevención y atención.
La presencia de piojos puede requerir una revisión, tratamiento y seguimiento, pero no debería convertirse en una etiqueta para ningún niño.
Al final, deshacerse de los mitos también forma parte de la prevención: los piojos no brincan, no aparecen por falta de higiene y tenerlos no es motivo para avergonzar a nadie.
Menos pánico, más información y cero bullying.








