Ya estamos a finales de agosto y seguro por tu cabeza pasó la típica frase: “¿En qué momento se nos fue el año?”. Entre la gastadera del regreso a clases y que ya en todos lados venden banderas para el Grito de Independencia en México, a toda velocidad.

Pero no es tu imaginación, la ciencia tiene una explicación muy sencilla para lo que estás pensando y es que, , los días se hacían eternos porque todo era nuevo: ir a la escuela, jugar, aprender cosas.

Nuestro cerebro estaba muy ocupado guardando cada detalle, pero ahora, de adultos, casi siempre hacemos lo mismo: nos levantamos, vamos a trabajar, regresamos a la casa y dormimos. Como vivimos en “piloto automático”, ya no se esfuerza en guardar cosas nuevas.

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¿Por qué sentimos que el tiempo pasa más rápido?

Por eso, al llegar a agosto y mirar para atrás, sentimos que el tiempo voló, porque para nuestra mente todos esos meses fueron un solo día repetido.

También tiene que ver con nuestra edad, por ejemplo: a los 10 años, un solo año es muchísimo tiempo, es una parte enorme de tu vida. Pero cuando pasas de los 30 o 40 años, un año es solo un cachito de todo lo que ya viviste.

Entre más grandes nos hacemos, más rápido sentimos que se van los años.

A todo esto hay que sumarle las prisas de todos los días y el celular, y es que andamos a las carreras, pensando en los pagos de la quincena, en qué hacer de comer, o nos la pasamos pegados a la pantalla viendo videos.

Como no le ponemos atención a lo que estamos viviendo en el momento por estar preocupados por lo que sigue, las semanas se nos escapan de las manos.

¿Qué hacer para sentir que los días rinden más?

Para sentir que los días rinden más y frenar un poco el reloj, puedes aplicar estos trucos fáciles:

Cambia tu rutina: vete por una calle distinta al trabajo, prueba una comida diferente o sal a caminar a un parque o tianguis al que nunca has ido.

Suelta un rato el celular: deja el teléfono de lado un rato cuando llegues a casa. Platicar de frente con tu familia o simplemente descansar sin ver una pantalla ayuda a que tu mente disfrute el presente.

Ponle atención a los detalles: disfruta de verdad el sabor de tu café en la mañana, escucha bien una canción que te guste o siente el aire cuando caminas. Esas pequeñas pausas evitan que sientas que todos los días son exactamente iguales.

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