Oaxaca.- Entre los sueños recurrentes de Oswaldo están las detonaciones de arma de fuego en Tierra Blanca Copala, cuando fueron desplazados por un grupo armado, pero también sueña con el arroyo de su comunidad. De diciembre de 2020 a la fecha, las 144 familias triquis de Oaxaca siguen sin fecha de retorno a su lugar de origen.
Con una expresión de calma y media sonrisa, Oswaldo cuenta que iba con sus compañeros al afluente que pasa cerca de la que era su escuela.
“Luego íbamos a jugar con mis compañeros al arroyo, por las tardes o en los fines de semana, siempre había agua para bañarse, quisiera regresar e ir al río”, dice el niño que ahora vive con su madre y su hermana, en un espacio reducido que rentan.
Lee también ¿Te perdiste La Mañanera? Apoyo a Venezuela y alerta por huracanes en los temas de hoy
Cerca de ese lugar viven otros 10 infantes y adolescentes con sus padres, unos ocho de ellos tienen los recuerdos intactos del sonido del río, de las lluvias sobre los campos de café, milpa y platanares, de sus mascotas, de cada rincón de Tierra Blanca, de las abuelas, los abuelos, la comida.
Cuando hablan de esos recuerdos sus rostros cambian, sonríen y en coro enuncian cada cosa que los hacía felices antes de que las balas los expulsaran de sus hogares, de sus bosques y de sus derechos a una vida digna.
Extrañan
Lizet, otra de las niñas, cuenta que también extraña ir al río, pero también el agua de limón que le preparaba su madre. “Teníamos un árbol de limón, de mangos, plátanos y muchas frutas, y mi mamá nos hacía agua de limón, me gusta mucho”, cuenta. Actualmente, la madre de Lizet se dedica a vender agua de frutas para sostener los gastos de su familia.
Jadiel tenía seis años cuando junto con sus papás y sus dos hermanos, así como decenas de infantes de al menos 144 familias huyeron de Tierra Blanca Copala.
“El arroyo nos quedaba cerca, nos gustaba ir a jugar, comíamos muchos elotes y mangos verdes. También cerca de nuestra casa hay una barranca y con un cartón nos íbamos a resbalar con mis primos, me gustaría volver a mi casa, a jugar”, dice entre risas junto a su hermana, Lizet y otros niños.
Lee también Preservar la herencia: La iniciativa en Oaxaca para salvar la cocina tradicional desde la infancia
Mientras conversamos, casi todas y todos expresan que les gustaría ser maestros, y casi en coro repiten una consigna en contra de la Presidenta: “¡Claudia decía que todo cambiaría, mentira, mentira, es la misma porquería!”, pues señalan que nada de lo que dice la Mandataria es real, porque ellos no han podido retornar a su pueblo a más de cinco años de ser desplazados.
De acuerdo al Consejo Nacional de Población, hasta 2020, al menos 262 mil 411 personas eran víctimas del desplazamiento forzado a causa de la inseguridad y la violencia. Las niñas, niños, adolescentes y jóvenes representaban 26% de las mujeres y 29% de hombres.








